A estas alturas ya sabemos que la realidad se construye en la convergencia, por consenso de mayorías y que la Realidad así, con mayúsculas, no es ni más ni menos que un constructo social. Luego, ¿Qué es real o qué irreal?

 

Hasta ahora pensábamos que la realidad es incontrovertible, pero no es así, pues ante el consenso cabe la disensión.

 

Cada quien se queda con lo que le conviene de lo que le acontece y de lo que sucede a su alrededor y así va construyendo su realidad, que va completando con otra que le viene dada. Los medios de comunicación juegan aquí un papel esencial, construyendo significados, creado identidades, acercando lo distante e incognoscible desde la propia anécdota vital.

 

Un mismo hecho resulta multidimensional como plurales son las interpretaciones acerca de la misma realidad, que es poliédrica y no siempre alcanzamos a capturar ni a comprender todas sus facetas. Así, el entente, la comunicación, la visión sobre los mismos hechos se dificulta, pues tropieza con la visión del observador, necesariamente subjetiva y pocas veces sujeta a cuestionamiento y pocas veces prudente y generosa, quizá por falta de reflexividad o de excentricidad en quien observa selectivamente y sin afán investigador.

 

No existe la Realidad, vivimos amparados en nuestras pequeñas realidades y comunicamos deficientemente nuestra visión, quizá porque tampoco nos sobren las ocasiones para hacerlo, puede que también porque otros, cegados con su propia visión, hagan oídos sordos y no quieran saber decidiendo anteponer un velo entre lo que ven y no se permiten ver.

 

Los constructores de realidades haríamos bien en hacer gala de prudencia, quizá así construyéramos la ocasión de mejorar nuestro entendimiento y nos diéramos ocasión de mirar otros paisajes que no fueran nuestro ombligo.

 

© jvillalba

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