Hay veces en las que poner el foco sobre un aspecto parcial, que te interesa especialmente, representa una ventaja para ‘visualizar’ algo. Es como cuando determinas entrenar un músculo que tienes debilitado y que requiere tu atención; durante un período lo cuidas y entrenas más que al resto de tu musculatura, pero sin descuidar ésta.

 

La observación implícita es que puedes adoptar esa licencia mientras seas consciente de que te estás centrando en un aspecto parcial, no vaya a ser que termines confundiendo la parte con el todo (sinécdoque)

 

Es verdad que cuando generalizas cometes un error (o muchos errores), pero al igual que cuando pretendes remarcar los rasgos de una cara dibujas una caricatura, afilando una nariz aguileña o pronunciando el prognatismo ante una quijada barbilampiña, etcétera, también puedes adoptar la muleta de la generalización como acicate en una charla. Y eso puede entrar en el objetivo de la charla.

 

Ponerse en un extremo sin salvedades, con pretendida omisión de números volados, sin notas al margen y con ausencia de paréntesis, quizá represente en ocasiones un exceso de optimismo. Reflexionar si se debe ser más cuidadoso cuando se pretende expresar correctamente el pensamiento, es una manera de atemperar el discurso.

 

¡Ojo! Que con la generalización también se incurre en el estereotipo.

 

Reivindico, no obstante, mi derecho a expresarme en mis propios términos sobre la base, siempre, del máximo respeto por todas las personas, sean de la edad, clase o condición que fueren, por su condición de  persona y de sujeto y por su perfil humano, -como en cualquier otro caso; lo que ni quita ni pone a cualquiera de las edades del hombre-.

 

© jvillalba

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