Me parece que el tiempo tiene truco porque siempre hace lo mismo: se nos esfuma; es un mago del escapismo.

 

Que el tiempo no se estira, ¡ya lo sabemos! Que el tiempo no se puede almacenar para consumir cuando mejor convenga, ¡ya lo sabemos! Que el tiempo no se puede comprar en el hiper y que no hay comercios especializados en la venta de tiempo, ¡ya lo sabemos!

 

Pero también sabemos que el tiempo es el que es, ni más tiempo ni menos tiempo que el que es. ¿O no? Y que para todos es el mismo. Sólo que tiene fecha de caducidad.

 

Vengo observando que en las organizaciones, la mía o cualquier otra, una de las frases de moda -que no la única- es ésa que expresa el deseo implícito de estirar el tiempo, pues, en general, “no hay tiempo”. Y quisiéramos estirarlo como si fuera de goma.

 

¿Cómo que no hay tiempo? Tú y yo tenemos el mismo, todos tenemos el mismo tiempo, solo que lo distribuimos de manera diferente y nos   diferenciamos -precisamente también- en eso: en aquello a lo que lo aplicamos que, en el cómo lo distribuimos. De alguna manera, estas decisiones representan lo que para nosotros importa más.

 

Objetivamente es verdad que “nuestras cargas” exigen de por sí una porción de tiempo. En unos casos, mucha; en otros, menos. Y que hay muchos “ladrones” de tiempo; y en la vida diaria de las organizaciones, muchos más.

 

Para el análisis inferencial de las culturas corporativas, resulta una fuente muy rica de información el uso y aplicación del tiempo. Si las dotaciones presupuestarias dan la pauta -relativa- sobre lo importante, la aplicación del tiempo lo pone aún más de manifiesto y en términos absolutos. Os invito a revisar mentalmente algún ejemplo.

Lo que también es verdad en nuestras vidas, es que nuestro tiempo es limitado. Ese límite es el que aconseja destinarlo sin dilación alguna a lo que verdaderamente importa. Y cada quien, lo sabemos.

 

Propongo la dotación de tiempo como premio, de manera que la ganancia sean cinco días consecutivos de libranza, a elección de los ganadores y en el año natural. Me parece que estos premios son de oro y el “murmullo” que se escucha parece confirmarlo.

 

Ante una crisis que ya es recesión y un entorno que defiende la conciliación, premiemos con ‘oro’ el aporte de valor en las organizaciones ¿Quién da más?

 

© jvillalba

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