Cuestión a parte es la gestión del conocimiento.

Puedo administrar mi propio conocimiento: seleccionar el relevante para mí, incrementarlo, depurarlo, utilizarlo y aplicarlo en la resolución de situaciones; también puedo proyectar un plan personal sobre mi propio conocimiento, hacer balance y diseñar cómo pretendo dirigirlo. Incluso puedo explicitarlo en parte y trasladárselo a otros articulando estrategias para ello o, simplemente, puedo exponer el fruto de mi conocimiento para disfrute propio (arte, literatura, poesía…) o ajeno.

Lo que ya no soy capaz es de gestionar el conocimiento en general o el de los otros. Puedo trabajar con la información general disponible; pero gestionar, por ejemplo, el conocimiento de un colectivo, no.

El conocimiento es de los sujetos y dependerá de que ellos quieran, o no, compartirlo, participarlo y ponerlo a disposición del conjunto.

Esta visión parte de conceder un valor definitivo a las actitudes (estilo) de los sujetos, a su visión (cosmología) y opciones de vida, a su capacidad de decisión y a su emocionalidad (valores), cuestiones en las que, de alguna manera, puedo influir, pero nada más.

Tratándose del talento de un grupo de personas, entiendo que no puedo gestionar su conocimiento, pero sí que puedo influir en sus actitudes para lograr que, cuando menos, en parte, resulte posible hacer explícito el conocimiento tácito y explotar el talento en beneficio común.

© jvillalba

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