Creo que no hay duda de que resulta posible compartir, de múltiples maneras, información; de hecho, nos trasladamos información y esperamos que se deriven ciertas conductas a partir de dicho traspaso. Un ejemplo de ello son las alertas, otro las normas, aún otro, los avisos.

El conocimiento puede explicitarse, en parte, y, de hecho, utilizamos soportes físicos o digitales para transportarlo, compartirlo, informarlo. De hecho administramos repositorios de información para compartir conocimiento: bibliotecas, hemerotecas, bases de datos… Y nos servimos de ellos y, entre otros muchos, de fuentes documentales y bibliográficas o, incluso, de índices, pero también de la tradición oral.

La información se puede administrar y el conocimiento se puede compartir, incluso mediante fórmulas directas, pedagógicas y aún vigentes, en absoluto vetustas, como son el padrinazgo (mentoring -ha habido que cambiarle el nombre para recuperar la esencia de ésta fórmula de transmisión de conocimiento y generación de aprendizajes) o la tutoría.

© jvillalba

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