Hay olores y fragancias, evanescentes y profundas.

 

No sé qué sucede, pero seguimos con lo mismo aunque con distinto nombre. No conozco ni en la historia del management, ni mucho menos en la evolución de la función de personal a la de gestión de personas que haya habido un solo avance que no sea debido a seguir ungiendo la dialéctica del amo y del esclavo con nuevas y renovadas fragancias para conseguir hacer que se haga, no a cualquier precio, pero sí bajo cualquier premisa capaz de disfrazar la esencia misma de dicha relación: o conmigo y bajo mi mando, o contra mí.

 

Antes se hablaba de trabajadores, luego del personal, más tarde de los recursos humanos, aún alguien adoptó la jerga financiera y tildó lo mismo, pues la esencia siguió siendo la misma, de capital humano; ahora hemos llegado a la gestión de personas. Ni una sola de aquellas implementaciones de vestuario fue debida al interés por el predicado de la oración: las personas, que seguíamos siendo trabajadores, término que hoy ha evolucionado al de colaboradores, clientes internos, socios y, más tarde, al de stakeholders.

 

Son los olores del mes, nuevas fragancias con pigmentos cada vez más volátiles.

 

Ahora se habla de competencias en vez de habilidades; antes se referían las capacidades de los trabajadores en términos factoriales, luego se pensó que esto ya no era moderno; además el enfoque cognitivo quizá fue una de las perspectivas que contribuyó a pensar que en aquello faltaba algo y se añadió la fragancia de la inteligencia emocional. Ya las plantillas no tienen características, tienen competencias; a los candidatos hay que realizarles entrevistas por competencias, pues la entrevista en profundidad ha quedado trasnochada, y, para más INRI, ahora se dice que gestionamos, no personas, sino sensibilidades.

 

Como lo que hay que hacer es movilizar, ya que la gente –es decir, la sensibilidad de los stakeholders– no participa, en uno de los últimos foros de comunicación interna ya se empieza a hablar –aquí, como siempre, con retraso más que evidente- de que los blogs son la nueva fórmula para promover la comunicación interna en las organizaciones. Éste es el nuevo olor del mes, la moda a la que los trasnochados yuppies de los 70 se acogen para lucir modernidad, pues prima lo último que, per se, parece como si contuviera el abracadabra capaz de cambiar las cosas sólo con eso.

Sí, los blogs como nueva herramienta de comunicación interna para seguir haciendo lo mismo, sólo que con distinta denominación y para disponer de una nueva arma arrojadiza contra dicha falta de participación generalizada. ¿Se preguntará alguien en algún sitio por qué los trabajadores no participan? En el último dato -de andar por casa- que manejo, se cifra dicha participación en el 6’47% del antes target y ahora, que la cosa va teniendo más cuerpo doctrinal, audiencia. Otro dato, la cifra de participación se eleva al 69% cuando el modelo se sujeta en el sujeto.

 

Afirmaba que la propuesta recibida considera el empleo de los blogs para seguir haciendo lo mismo; es decir, sin diferenciarlo de un foro tradicional o de una lista de distribución o con administrador único o bajo un colectivo evangelizador –que se dice ahora (Microsoft)- y sin responder a la esencia diferencial del blog: la libre apropiación de un canal de expresión ‘propio’; lo que representa un peligro y dejar una vía expedita de comunicación multidireccional sin censura, sin control, al libre entender de sus bloggers (antes administrador único).

 

El argumento es doble: por un lado hay que ser moderno; por otro, si no creas un blog para que participen los empleados, éstos van a crearlo y van blogear sin que lo sepas. Son argumentos muy débiles.

 

Como en la actualidad el I+D ha evolucionado al I+D+i se conoce que hasta aquí llega la capacidad innovadora de quienes lo proponen bajo tal prisma.

 

© jvillalba

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