Por desgracia los ignorantes manifiestos abundan por doquier y en vez de dedicarse a lo suyo no tienen otra cosa que hacer que intentar vejar a los demás con su mayúscula miopía.

 

Hay quien no distingue entre el directo y lo diferido, entre lo asíncrono y lo sincrónico y quien del tiempo tan sólo sabe lo que cree ver en el momento, que lo ve sin percatarse de otros detalles, a su vista, pero fuera de su perspectiva.
Tal ceguera de lo evidente les hace confundir la fecha con los momentos, las horas con el tiempo y lo patente con lo latente. ¡Ni tan siquiera saben leer entre líneas!

 

¡Qué lamentable manifestación! ¡Cómo reflejan lo que son!

 

Se puede escribir de un tirón, pero también se pueden colocar de un tirón palabras almacenadas, recónditas, acariciadas entre los días y las noches, atemporales, asíncronas, personales.

 

¡No hay osadía mayor que la ignorancia!

 

© jvillalba

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