Hay hechos que se repiten. Hay modismos que vienen y se van. Hay olores del mes que se ponen de moda.


Últimamente le ha tocado al tiempo -no al atmosférico, al que trascurre impasible- y sólo escucho frases como: “_No tengo tiempo”; “_Nos falta tiempo”; “_No he tenido tiempo”; “_No hay tiempo”; y un amplio etcétera de lexías del mismo porte.


Es incierto, es un error pensar así; todos tenemos el mismo tiempo, ni menos ni más. Es verdad que no se almacena, pero también lo es que caduca. Es verdad que no se estira, pero también que se desperdicia o se aprovecha. No cabe duda de que cada cual tiene su percepción y es innegable que cada uno adoptamos nuestra perspectiva, pero, si antes hemos convenido qué es importante y qué urgente y qué grados de importancia tienen los diferentes asuntos que así hemos catalogado, ¿por qué ha de producirse una diferencia de criterio que hace que se atienda lo urgente y se postergue lo importante?


Reconocerlo no resulta bastante, en este caso no es un signo de sabiduría, pues pone de manifiesto la falta de coherencia. Es el hiato de la contradicción teoría-práctica.


Pero profundizar en las causas resulta deprimente. ¿Hay alguien que actúe contra sí, en contra de sus intereses?. Puede que sí, pero son excepciones, anormalidades que se ubican en los extremos de la curva de Gauss, sujetos muy probablemente aquejados de alguna disfunción. Empiezo a creer que aquel acuerdo de partida, no era tal, sino -simplemente- una treta para salir del
impasse ya que se dan dos circunstancias: una, resulta evidente la importancia del asunto referida al ámbito en que se trata; dos, probablemente haya otros intereses desconocidos, que no se han partipado, que impulsen a aquél a invertir su tiempo en lo que considera verdaderamente importante para sus intereses.


Y si es así, ¿por qué no incluirlos en las cuestiones a considerar para la calificación de los grados de importancia?. Cabe una respuesta, quizá porque sean cuestiones con espinoso argumentario y de precaria racionalización y, por ende, inadmisibles desde alguna perspectiva. Quizás.


¿A dónde llegamos con esto? No es difícil suponerlo. Al desequilibrio en la interacción, a la relación asimétrica, al ¿diálogo? a distinto nivel… Juzgue y califique cada cual. ¿Nos hemos quedado sin tiempo?


© jvillalba
 

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