No escuchamos. ¿Las causas? ¡Véte tú a saber! Son muchas: hay que observar para decodificar el mensaje del silencio.

¿No es verdad que hay 7 clases de silencio, como aseguran los expertos en comunicación?. Esto quiere decir que el aserto popular (“Quien calla, otorga”) es inexacto: un silencio es de aceptación y conformidad, pero también los hay de reprobración, desacuerdo, crítica, frustración, temor, confabulación, complicidad, placidez, expectación… desinterés.

Vivimos en la sociedad del ruido; parece como que si no hay ruido…, no estamos tranquilos, nos atemorizamos. ¿Te has fijado? Por lo general, el silencio nos angustia.

La realidad es que la gente lleva mal eso del silencio: el silencio se comparte con dificultad. Nos han enseñado a hablar; nos han dicho que la mejor defensa es un buen ataque; lo que trasladado a nuestras interacciones es lo mismo que afirmar que gana quien más habla, que pierde el que se calla.

Sin embargo, quien maneja el silencio, maneja la situación.

No las comparto, pero lo cierto es que se producen curiosas correspondencias interpretativas, que todos hemos observado en discusiones y en debates; por ejemplo: quien más grita, lleva la razón; el que calla, se suicida socialmente, pues se interpreta que oculta algo o le han callado; no sabe ni qué decir.

Así, da la impresión que se prima más la verborrea, el hablar sin parar, la cantidad, que mostrarse prudente -no reservado-, decir lo justo y oportuno, sin enrollarse y aportando.

Entramos en el ascensor con un desconocido y no sabemos dónde mirar ni que decir, pero recurrimos al recurso de comentar algo sobre el tiempo ¿?

Y sin embargo el silencio habla por sí mismo.

Es curioso que quien más habla, menos escuche, lo que significa que tiene menos ocasiones de aprendizaje; sin embargo, quien más escucha, más aprende.

Es mejor callarse cuando las palabras no son capaces de colmar el silencio.

© jvillalba

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