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De factura española, Q! de #Questionity, una nueva red se suma al saturado universo de la web social.

Se trata de Questionity -según sus propietarios-, “… una innovadora forma de organizar, a tu gusto, todo el contenido multimedia Web 2.0 usando tu propio microblog…” que, obviamente, tiene su versión para empresas; en resumen, otra  red generalista, orientada inicialmente al ocio, a la que se accede por invitación (que podía solicitarse, vía breve formulario, y que hoy se promociona en twitter por invitación). Una red que, a los tres meses y medio de su nacimiento, a 13 de febrero, ya reunía 1.000 usuarios registrados.

Para quienes estén considerando introducir nuevas funcionalidades, con el propósito de desarrollar la conversación interna, tienen ahora la oportunidad de probar en Q! cómo definir un marco de juego, fijar el tono de la conversación y establecer el objeto social alrededor del cual los usuarios podrán participar en la generación de valor.

Además de difundirlo a sus cerca de 900 followers, Q! informa hoy por correo que “¡Ya está disponible su versión Beta…!”

¿Conseguirá Q! desenredar el enredo?

Si tiene curiosidad, acceda a la invitación para probarla.

© jvillalba

En esta pugna que tenemos entre quienes defendemos las bondades y conveniencia de democratizar la Conversación y quienes se muestran reacios a escuchar, siempre en algún momento surge la pregunta: “Y… ¿para qué las redes sociales?

Esta pretendida búsqueda de la finalidad, ante un fenómeno que nos invade inevitablemente, me recuerda mi lucha por la montaña1 cuando de pequeño sentía la imperiosa necesidad de subir montañas ante el espasmo de mi familia que presagiaba incontables accidentes y echaba mano de la prensa con cada tragedia.

Entonces resultaba complicado explicar una y otra vez los porqués, dar infinitas razones, participar sensaciones y experiencias, transmitir íntimos sentimientos o narrar hazañas, exploraciones, descubrimientos… sensamientos; esa mezcolanza de pensamientos entretejidos con imbricados sentimientos.

Ante la reiterada pregunta, cada vez me afirmo más en la respuesta “Porque están ahí

Ésa es la frase con la que George Herbert Leigh Mallory respondió en 1923 a un periodista que le interpeló sobre las razones que impulsaban a los británicos a conquistar la cumbre del Everest.

Ésa misma es mi respuesta hoy. Ya no me esfuerzo en justificar mi anhelo por la montaña y debería serlo cuando, pensando en no contestar, hago un silencio e inspiro para recobrar fuerzas antes quienes percibo que me preguntan sin ánimo alguno de atender mis palabras y ya tienen la respuesta preparada para devaluar el argumento que sea.

Orillado en el coche, me preguntaba ayer: ¿para qué? ¿Y si tuviera que dar mis razones2 sin verme forzado a justificar ROI’s & IOR’s… simplemente mi lista de motivos? ¿Qué me diría a mi mismo sin sentirme en medio del forcejeo argumental? Sin pensármelo dos veces alargué la mano a la guantera y me armé con pluma, cuaderno y 30 razones (mi propia Lista Metterling3).

© jvillalba

1. He tomado esta frase del título de uno de los libros de mi apreciado César Pérez de Tudela.

2. Las 100 razones de Best Relations

3. Mi Lista Metterling

  1. Difundir/conocer lo que sucede en el acto (actualidad). Transmitir con agilidad (gestionar sucesos, amplificar mensajes relevantes).
  2. Eliminar los escalones tradicionales de la comunicación.
  3. Simplificar trámites (desburocratizar ciertas gestiones).
  4. Participar/convocar actos, eventos…
  5. Contextualizar. Informar.
  6. Crear-recrear la realidad. Centrar la agenda de actualidad (setting)
  7. Ordenar la discusión, dotar de marco las conversaciones (framing)
  8. Escuchar (monitorizar)
  9. Preguntar (encuestas/sondeos rápidos, fáciles, económicos).
  10. Pedir, dar y recibir feed-back.
  11. Ampliar ópticas, adoptar nuevas perspectivas.
  12. Compartir información e intereses (gestionar conocimiento y relaciones).
  13. Buscar, filtrar, seleccionar (depurar intereses informacionales y relacionales).
  14. Seguir información de interés (relevante).
  15. Aprovechar el talento (generar valor/generar ventajas).
  16. Corregir defectos; erradicar fallos. Aprender de los errores.
  17. Viralizar acciones (propagar efectos).
  18. Acercar personas y personalidades (proximidad). Administrar diferencias/gestionar la confianza. Crear lazos.
  19. Influir en la conversación (fomentar actitudes/gestionar comportamientos).
  20. Incrementar la participación útil. Crear hábitos contributivos.
  21. Educar en el autocontrol (autorregulación de la libre expresión). Educarnos/convivir. Madurar.
  22. Dar visibilidad a las personas. Reconocer públicamente sus méritos. Tener opción de gestionar la popularidad/notoriedad.
  23. Expresarse. Expansionarse. Satisfacer inquietudes. Fomentar la creatividad (innovar).
  24. Aprovechar ventajas. Crear capacidades (productividad, rentabilidad, beneficios).
  25. Transformar la estructura jerárquica tradicional en una esfera relacional (multidireccionalidad).
  26. Descentralizar. Aplanar, democratizar (organización circular).
  27. Ganarse el liderazgo. Incrementar la notoriedad directiva (gestión de la credibilidad).
  28. Crear historia. Crear comunidad (integrar).
  29. Crear cultura. Hacer empresa.
  30. Centrar la propuesta de valor (EVP). Crear marca interna (vincular). Recrear la marca.

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El XI informe1 de marzo de 2011 de Capgemini, sobre la presencia del sector asegurador en Internet, basado en el análisis web de 46 compañías de seguros, que representan el 77% de la cuota de mercado, resulta clarificador. La conclusión principal no es otra que el sector asegurador todavía tiene pendiente la asignatura de las redes sociales.

Tal aserto supone una contradicción manifiesta si se compara la importancia que se dice conferir a la Red con el grado de implantación al que se ha llegado. 

Dicho estudio1 reconoce que, si bien las compañías de seguros han conseguido cierto desarrollo web, que facilita algunas transacciones (tarificación, contratación, declaración de siniestros), todavía las funcionalidades ofrecidas por estos websites distan de lo que sería deseable. 

Puede que merezca la pena hacer algún comentario marginal a los 4 desafíos sectoriales que proponen los investigadores: 

Crecimiento del canal.

Si en el IX informe2 se partía de que, mediante el canal Internet, se captaba (2009) menos del 3% del negocio, pronosticándose para 2010 un incremento de hasta el 6%, en marzo de 2011 nos encontramos con que no se llega al 5% de captación por dicho canal.

Cumplimiento de la LISI.

Dado que la ley no establece el modus operandi, ni tan si quiera sanciones, podríamos admitir que -grosso modo- la mayoría cumple, pero que también hay que afinar más en asuntos tales como accesibilidad, e-contratación, factura electrónica, firma electrónica, adaptación de promociones/precios y publicidad o facilitación de medios de interlocución telemática para facilitar las transacciones entre ciudadanos y compañías, tramitar quejas, incidencias, sugerencias o reclamaciones y posibilitar el ejercicio de nuestros derechos (ARCO)3, reconocidos en la LOPD.

Presencia en redes sociales.

Más de la mitad de las compañías encuestadas admiten no estar preparadas para ingresar con consistencia en  la web social, si bien la mayor parte de las que tienen presencia4 (Facebook, Twitter, blogosfera) la tienen circunstancial (¡Quién dijo miedo!).

Movilidad.

Si resulta contradictorio conceder gran importancia a las redes sociales y no contar con una estrategia de negocio afirmada en las mismas, para transformar seguidores o simpatizantes en clientes, también lo es admitir el cambio en los hábitos de consumo, la importancia de la movilidad, y no saber muy bien qué acciones podrían ser efectivas para acometerlas sobre la base de un ROI razonable.

Ampliando la primera conclusión, los investigadores señalan que, si bien en el sector asegurador se reconoce la criticidad de Internet, y su importancia para la estrategia de negocio, de la mitad de las compañías que lo admiten se desciende al 38% de las que pueden alardear de una “oferta diferencial por dicho canal”.

Pero a la asignatura pendiente que pone de relieve Capgemini le falta la perspectiva interna, pues Internet también tiene esta lectura, la transaccional entre el conjunto de miembros que integran la misma organización. Mucho me temo que el sector asegurador no puede abanderar la avanzadilla de las organizaciones en el aprovechamiento de los recursos 2.0 para mejorar e influir en la conversación interna.

El nº 3/2011 del boletín Gestión y Talento, de la Red Business Information-INESE, se hace eco del mismo estudio y tiende un puente en dicha dirección, la interna, afirmando que “Tampoco explotan, de momento, el fenómeno de las redes sociales en los departamentos de recursos humanos”; a colación de lo cual cita las palabras de un alto ejecutivo sectorial que tilda el asunto de ‘complejo’.

Capitalizar la aplicación de las nuevas tecnologías en favor del negocio, aprovecharlas para simplificar el trabajo e impulsar su uso para mejorar los procesos de gestión de la información y de comunicación internas trasciende a la gavilla de ‘avances’ en la que se suelen escudar quienes verdaderamente no impulsan las soluciones 2.0 en el seno de la empresa. Soluciones que lo fueron y que hoy son historia: distribución de noticias, accesibilidad a información institucional, gestión de nóminas, vacaciones y perfil curricular, recepción de papers, newsletters o eboletines, difusión de vacantes… y otras muchas que nos amarran en el cuaternario 1.0.

Casualmente, y a favor de mi argumento -vía Twitter- he conocido el resumen de conclusiones de la pasada conferencia del 16 de marzo, “RR.HH. 2.0: el impacto de las redes sociales en el mundo laboral”, que tuvo lugar en el campus de INESDI y cuya lectura ofrece numerosas pistas sobre el estado de la cuestión en el panorama actual; algunas de cuyas claves bien pueden ser (1) la visión del progreso como amenaza, (2) los estilos de gestión ochocentistas, (3) la imperativa apropiación tradicional del poder, (4) la concepción 1.0 del trabajo y (5) el inmovilismo en la gestión de personas.

Las evidencias actuales me llevan a concluir que la casta actual de directivos, que es a quienes compete impulsar cambios y revoluciones, adolece de raza.

© jvillalba

1. XI Informe sobre el Sector Asegurador en Internet. Capgemini.

2. IX Informe sobre el Sector Asegurador en Internet. Capgemini.

3. ARCO: acrónimo de acceso, rectificación, oposición y cancelación, en referencia a los derechos contemplados en la Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal.

4. “Casi la mitad de las entidades afirma estar presente en Facebook, y otro tanto lo tiene previsto hacer en los próximos dos años; en Twitter están presentes más del 50% y un 33% más lo tiene previsto. En cuanto a los blogs, el 85% afirma que dispone de esta modalidad o tiene previsto contar con ella. Sin embargo, los wikis, foros o el uso de Youtube aún no ha sido del todo explotados por las aseguradoras.”

Página recomendada: Evalúa LOPD:

Foros

Aún recuerdo los snnifers de los viejos foros. Identidades ocultas al acecho, husmeadores de medio pelo, apocados y maliciosos, los sempieternos presentes-ausentes que huían del debate en cuanto que alguien reparaba en ellos y les preguntaba directamente qué hacían allí; sujetos demediados, al fin, aunque menos intrusivos que los trollers de los chats, reconocibles por sus patéticos nicks-names y por sus irrupciones irrisorias, famélicas y excéntricas a un tiempo… ¡Cuánto anónimo merodea a hurtadillas por la Red!

Chats

Luego vinieron –y los sigue habiendo- aquellos que se cobijan detrás de un falso perfil. ¡Redes sociales y perfiles falsos no son incompatibles!. Sujetos dañinos, personalidades patéticas cargadas de ruindad, engatusadores bajo apariencia nominativa, audaces en la oscuridad e inacapaces de dar la cara en el avatar.

Redes sociales

Estos sujetos tienen la desfachatez de dirigirse a las más altas instancias, escriben a directivos sin ahorrarse especulaciones para acusar a quienes conocen y seguramente envidian. Aderezan su ensalada con datos ciertos, pero circunstanciales, en un intento de aparentar verosimilitud y así dar fuerza a sus acusaciones.

Del off al on

Tales errores ponen en evidencia que se trata de un sujeto cercano, que conoce a la víctima o que tiene acceso a parte de su historia, lo que le permite amañar circunstancias y presentar supuestas pruebas -circunstanciales-.

Son, sin duda, enfermos mentales que, en virtud del supuesto anomimato, asestan puñaladas traperas; con premeditación, alevosía y nocturnidad.

Pero lo peor no son estos especímenes con apariencia humanita (antropomorfa), sino que alguien les dé crédito, que un directivo tropiece y entre al trapo, active resortes e inicie un proceso de averiguaciones para escarmentar a la víctima.

Si quieren una opinión, no entren al juego. O se convertirán en marionetas en manos de cualquier ‘tarado’. Advertidos quedan.

No cargue sobre su conciencia decisiones de las que no se pueda responsabilizar íntegramente.

¿Cómo actuar en la empresa ante las denuncias anónimas, vía redes sociales?

  1. No actúe. Haga NADA. Piense que el denunciado puede ser el anzuelo y usted el pez. De momento, usted es un juguete con el que alguien quiere jugar. Rompa el juego.
  2. Si no obstante siente curiosidad, no se precipite. Estudie al denunciante por sus obras (contenidos; mayoritariamente texto). Busque concordancias en la Red. Si no sabe cómo hacerlo, pregunte. Aisle la fuente y acredítela, si no puede, el mensaje no tiene consistencia. No le dé más vueltas.
  3. Primera regla: quien no da la cara, se desacredita a sí mismo. Quien no tiene crédito no puede respaldar sus acusaciones.
  4. Descanse. No haga caso; pero no elimine esa información (almacene, copie o capture pantallas; guarde los documentos en la nube, pueden ser pruebas contra el denunciante). Si los hubiere, no descargue ficheros (Ojo a las extensiones dudosas e infrecuentes). Evite clicar enlaces que le propongan, analice antes los términos del enlace (use el bloc de notas; en este contexto, desconfíe de las URL acortadas) y no cargue aplicaciones que desconozca. Las intenciones de un emisor anónimo siempre son dudosas y sus objetivos son inconfesables; probablemente sean ilícitos o inmorales.
  5. Si está inquieto, revise su lista de contactos y purgue aquellos que no sepa quiénes son: el coleccionismo de ‘amigos’ no le reportará beneficio alguno. Asegúrese en el futuro antes de aceptar un nuevo contacto.
  6. Si ante su silencio vuelve(n) a  la carga –suelen tardar algunas semanas o meses-, analice el tono, aisle los motivos aparentes (compromiso social, ventaja para la compañía, indignación ante la injusticia…) y llegue hasta el propósito de los mismos: ¿qué beneficio real podría derivarse para el denunciante? ¿A qué me compromete? No responda. Si el mensaje incluye autopreguntas, pregúntese por qué le invitan a preguntarse.
  7. Si el denunciante persiste, pídale con concisión que se identifique y nada más. Use los canales privados, pero no su correo electrónico.
  8. Mantenga silencio y, si recibe nuevos mensajes, pídale concisamente pruebas que acrediten su identidad y lo dicho; si llega el caso, y el caso lo merece, ofrezca una reunión en su propio terreno, con luz y taquígrafos (nadie acudirá, se lo aseguro).
  9. Estuche y remita mensaje, y cuantos datos haya recopilado, al grupo de delitos telemáticos.
  10. Puede denunciar el hecho en la siguiente dirección de la Guardia Civil: https://www.gdt.guardiacivil.es/webgdt/home_alerta.php

Hoy hay un perfil falso menos en Facebook, lo que no resuelve la cuestión. Estos individuos suelen tener más de un perfil, tantos como quieran, más de una dirección de correo, pueden jugar varios personajillos y mañana pueden seguir aquí y estar en cualquier otra plataforma.

La estrategia más efectiva contra el anonimato que llega desde las redes exteriores es hacerse inmune, impedirle el paso, eliminarle; en las internas, ni está ni debe ser permitido.

© jvillalba

Ya sabemos –por Weber Shandwick; entre otros estudios- que para un nutrido grupo de dirigentes las redes sociales no son un escenario de su especial gusto, sin embargo profesionales y directivos de menor calado se vienen incorporando a los medios sociales si bien, me parece que los segundos y en su mayoría, en calidad de lo que en los antiguos foros y listas de distribución denominábamos ‘sniffers’; o lo que viene a ser lo mismo, engrosando la categoría de ‘los que se apuntan’ o asumiendo el rol de ‘inactivos’ o de ‘espectadores’ o de ‘coleccionistas’ –sigo la terminología de Forrester-, siendo muchos menos los que crean, conversan o aportan un pensamiento crítico.

Participación y contribuciones en la web social conforman una imagen del usuario activo, suma de producciones que estimula percepciones a las que atribuimos un significado, en virtud de las cuales conferimos -al participante y/o contribuidor- una identidad que nos despierta determinada clase de reconocimiento y cuya síntesis deviene en un juicio reputacional –para bien o para mal- acerca del sujeto social que se proyecta, con más o menos consciencia, en La Red.

Por lo que parece, y a diferencia de numerosa participación espontánea, o no tan elaborada como hoy, en aquellos primeros tiempos de la popularización de La Red, ahora somos mucho más conscientes de que los espacios virtual y cotidiano están estrechamente relacionados e influidos, causa, quizás, de que prudencia y autocensura sean dos de las características predominantes en los medios sociales profesionales, en los cuales rigen -netiquette- la educación y el estilo conservador, además de recomendaciones específicas para cada red, pues se termina pagando un alto precio por los excesos y defectos en que alguien pueda incurrir.

No sé si debido a lo dicho, o si estará motivado por otras causas, pero lo cierto es que no son muchos los jefes a los que se les puede atribuir una producción propia que seguir, ocasionando de este modo una ruptura entre su identidad profesional interna y su falta de proyección profesional pública, impidiendo conocer hasta qué punto sus comportamientos -internos y externos- convergen.

¿Cómo repercute en mí que mi jefe manifieste silencio en la red en la que le sigo o que refiera generalidades o que se limite a recomendar artículos y producciones de otros? ¿En qué me podría beneficiar encontrarme con un discurso uniforme, enriquecido en el exterior mediante otros aditamentos o perspectivas; producido en el interior con diferentes matices y en profundidad? ¿No hay un elemento de conexión entre mis responsabilidades internas y mi visión hacia el exterior y sobre el entorno?

Hay trabajadores que son ‘fans’ de sus jefes; y sus jefes no se pronuncian en las redes verticales, sus índices de actividad únicamente se cargan con los contactos que viene autorizando o solicitando –poquitos-; tampoco figuran aportaciones en los grupos a los que se ha sumado. En conclusión, hay jefes sociales socialmente inactivos, silentes, mudos, inexpresivos.

¿Para qué agregar a los jefes? ¿Se toma por pelotas a los trabajadores que se cuentan entre sus followers? ¿Es lógico o no que el cuadro directivo esté inconexo en la misma red?

No es ya lo que se gane o se pierda o el tiempo que se invierta, sino lo que les conviene saber a los trabajadores en aras a la búsqueda de la congruencia, para afirmar sus fuentes del saber, reconstruir sus realidades y estar al tanto de lo que acontece en sus trabajos, en sus profesiones y en sus aledaños.

Creo, por tanto, que interesa monitorizar la actividad de los jefes en La Red, pues si la actividad de la empresa se consolida como una fuente principal para conocer su revestimiento social, con mayor razón no debe perderse –si existiera- el discurso público de los jefes, que, además de reputarles, ha de contribuir a reforzar y contextualizar el trabajo y las responsabilidades de quienes conforman su equipo. ¿No es la orientación externa la manera en la que se propone alcanzar el horizonte que se persigue y la que debe explicar toda suerte de medidas internas?

Creo, al fin, que los social media terminarán exigiendo de los directivos una nueva competencia en virtud de la cual, además de tener que ser capaces de labrarse un perfil público reputacional, se les pedirá que aprendan a usar la web social para ganarse el liderazgo interno que les exige su condición.

En un futuro no muy lejano, los directivos que no gestionen su identidad digital reducirán las posibilidades de acreditarse ante sus equipos y pondrán en un aprieto a las comisiones de nombramientos y retribuciones para revalorizarles en su estatus.

© jvillalba

Ustedes tienen datos de ello: las redes sociales se han disparado.

Quizá aquella eclosión, ahora generalización del canal, sea lo que me lleva a barruntar que éste 2011 va a ser un año de colonización y socialización para los medios sociales; ahora mismo muy extendidos, tanto en la esferas públicas como en el uso particular, si bien quedan dos territorios por evangelizar: el uno, con enormes extensiones vírgenes todavía; me refiero a la aplicación de los medios sociales al ámbito interno de las empresas. El otro, de conversión desigual; se trata del mayor uso y de los usos extensivos de las redes sociales, por parte de las empresas, no sólo como medio de aproximación y de relación con sus grupos de interés -entre el que también se encuentra el de los trabajadores, al que me refería en primer lugar-, sino como una opción más para la capitalización del negocio.

En dicho sentido y con relación al impacto de los social media, 2011 va a ser para las empresas españolas un año orientado a poner el foco en el retorno de la inversión (ROI & IOR) y también un ejercicio de extensión, ensayo y apertura, todavía a tientas y con timidez, de las redes sociales a las comunidades internas, pero tratando de ligar intereses del negocio con el uso y aprovechamiento del nuevo ecosistema para generar valores contables.

Hemos pasado de observar una tendencia a incorporarla en nuestra vida diaria, introyectando estas nuevas fórmulas comunicacionales hasta llegar a considerarlas lógicas, naturales y cotidianas y, por tanto necesarias, demandándolas allí donde no se nos proporciona dicho vehículo para el establecimiento de interacciones o como una opción más relacional, ya sea con la marca, ya con otros consumidores, ya con nuestros iguales o, incluso, con administraciones y asociaciones.

2011 va a ser un año social. Y quienes no se posicionen a favor de lo social se significarán, por omisión o dejación, de ‘antisociales’ en el sentido de representar un lastre para la convivencia y el progreso social de la organización, provocando la caída de los índices de notoriedad y haciéndoles perder enteros a la marca hasta quedar olvidada; cuando no, vilipendiada en los mentideros sociales.

Digo que los datos de prevalencia de los medios sociales están a la mano de cualquiera y que, si hemos encontrado una fórmula para acercarnos, que nos parece natural en nuestra vida diaria, tendemos a generalizar la adopción de dicha solución, que no pretende ser exclusiva, pero sí que figure entre las alternativas a elegir para hacer uso del canal cuando nos parezca pertinente; ya sea por comodidad, por amplitud, repercusión o por cualquier otro motivo; pero en toda ocasión, percibiendo algún valor dimanante del uso.

Hay que empezar por comprender que lo social no va de herramientas, sino de actitudes que se virtualizan en contenidos y propuestas que concitan y sirven de nexo, de conexiones que incrementan el valor social y amplifican alcances y de valor y de agregación de valor: valor percibido, valor atribuido, valor adquirido, valor aportado, valor obtenido… y de intercambio de valor, de conformidad con los valores que representa y define la horizontalidad de la cultura 2.0 que, a la postre, significa corresponder o corresponderse, verbos que se constatan únicamente cuando se es capaz de crear y animar a producir correspondencia.

Mi visión para 2011 es la que me lleva a denominarle Año Social, un año en el que sin duda cobrará mayor carta de naturaleza la movilidad y en el que el binomio ROI-IOR presidirá las estrategias y las apuestas social media por parte de empresas y particulares; un ejercicio en el que, en aras del negocio, tanto a las redes externas como a las internas se les buscará el valor contable que las justifique; una época de experimentación para encontrar cómo aprovechar las ventajas sociales en términos de productividad y de lealtad; un año, al fin, en el que lo social se incorporará a todas las facetas de la vida cotidiana, ampliando nuestra manera de entender el nuevo mundo, que no es otro que la integración de ambos.

En 2011 terminará de morir lo digital que no adopte social como consigna y desaparecerá lo analógico que no tenga su correlato en lo digital. Ya nadie podrá plantearse estar o no estar porque la consecuencia será ser o no ser.

© jvillalba

Haciendo balance del año, me doy cuenta de que –entre otras- he llegado a una conclusión que me interesa compartir: 2.0 no es 0.0.

La cuestión viene porque, tras constatar la resistencia de algunos directivos a abrir el interior a una cultura 2.0, he comprendido lo que ya sospechaba: la cultura contributiva, la de la participación en toda su extensión y con todas sus consecuencias no es inocua; entraña riesgos, puede hacer daño.

Así visto el 2.0 no es “Sin…” Es “Com…”. Por decirlo con todas las palabras: comprometida. Quienes defienden el 0.0 lo hacen esgrimiendo su responsabilidad de conductores, al volante de complejas organizaciones, y por ello han de mantenerse ‘sin…’. Sin una gota de alcohol en sangre. Pero el argumento es confuso, pues la savia que circula por las autopistas de la información es el nutriente 2.0.

Quiero retomar el asunto del peligro, pues peligro y riesgo no tienen ni el mismo significado ni las mismas consecuencias.

Lo peligroso contiene una connotación obscena, impúdica ante la vida, prácticamente psicótica en su desprecio más absoluto por la preservación de la propia identidad. Quien adopta conductas peligrosas es un imprudente, puede ser un suicida. Es un prepotente cegado por su superioridad o por su torpeza.

No es lo mismo acometer una empresa peligrosa que arriesgada.

Los escaladores creo que podemos convenir en esto. Cuando emprendes una ruta vertical eres muy consciente de la cantidad de riesgo que puedes asumir con ciertas garantías de éxito (tu fondo de recursos, tu preparación, tu habilidad…) y nunca decides acometer una pared que objetivamente supere tus posibilidades; lo que sería peligroso.

Pero a base de entrenamiento, de rebasar poco a poco el límite, de pedirte más forzando lo justo para salir airoso del trance, vas ganando “grado”, que es lo mismo que decir técnica y experiencia que te permiten ir, cada vez, un poco más allá.

Así, las personas podemos –y debemos; si se me permite- asumir determinado gradiente de riesgo, pero no nos conviene emprender empresa alguna que sea peligrosa.

Riesgo y peligro son los dos extremos de un continuo cuyo centro de gravedad, desdibujado bajo un esfumato, se desplaza a derecha o izquierda según sea la capacidad y el fondo de recursos que vaya adquiriendo o perdiendo quien a dicha escala se sujete. Una diferencia esencial entre lo peligroso y lo arriesgado es que el peligro provoca miedo y, por ende, rechazo, huida; mientras que el riesgo permite confrontar capacidades y desarrollar la inteligencia, pudiendo llegar a representar un estímulo: estudiar, entrenarse, probar y volver a analizar hasta conseguir una migaja más de pericia que nos pondrá más cerca de la solución o, si se prefiere, del manejo de la situación.

Déjenme decirles que el alpinismo, el montañismo o la escalada, al igual que otras actividades que requieren asumir ciertas cantidades de riesgo, exigen, antes que nada, cabeza.

Retomando mi interés por desenmascarar las argumentaciones que se oponen a la implantación de la cultura 2.0 en el seno de las organizaciones, me encuentro con una decena de clases de sujetos:

  1. Quienes intuyen que esto va de escucha, y no quieren escuchar.
  2. Los que han oído que esto va de preguntas, y no quieren verse impelidos a responder.
  3. Ésos que entienden que esto va de hacer circular la información, e invariablemente se la apropian.
  4. Aquellos a los que alguien les ha advertido que esto puede ir de reformulación de mensajes, en el toma y daca de las conversaciones, y no admiten puntos de vista divergentes, ni discusión ni contraste de opiniones.
  5. Los que saben que han de expresarse y se ocultan entre bambalinas porque ni saben qué decir, ni se lo han planteado, ni quieren exponerse a que su discurso se muestre vacío.
  6. Quienes sabiendo que se demanda ‘valor’, no tienen el que dicen tener, y temen quedarse sin contenido.
  7. Quienes advertidos de que esto va de conexiones, y saben que fuera de su escenario no interesarían a nadie.
  8. Ésos que presienten que esto va de compartir, y lo que por costumbre tienen es acaparar.
  9. A los que han prevenido de que esto va de democratizar e igualarse, y sin su colección de distintivos no se sienten alguien.
  10. Finalmente, aquellos árbitros que arbitran a su arbitrio.

Esta colección de opositores irredentos, defensores del cero-cero, ven en la web social, como no podría ser de otra manera, una amenaza cierta y consistente que les obligaría a abandonar sus zonas de confort, pudiendo precipitarles al vacío y exigiéndoles un esfuerzo constante.

Hay, por lo tanto, “direcDivos”, jefes tóxicos, jefes psicópatas, “ejecuDivos” y “mandos mIedos” que temen a las alturas, y aunque no lo reconozcan, o lo disfracen, se les advierte el vértigo. Y es que la web social es una montaña de relaciones en crecimiento exponencial, sujeta a un fuerte plegamiento, en alza imparable, para cuya escalada hay que estar preparándose continuamente; lo que obliga a enfrentarse a la posibilidad de dejar debajo de los piés, muy abajo, las plácidas zonas de abrigo y confort para colonizar brechas, precipicios, cortados, crestas y cumbres. Un territorio en el que un mal paso puede representar el final; y cada paso bien dado una conquista.

©jvillalba

Fechado en Barcelona, hoy la Asociación Española de la Economía Digital ha difundido el Estudio del Uso de Twitter en España.

Como puede comprobarse, twitter es un fenómeno en crecimiento, una realidad que, como otras, ha trascendido lo digital para asentarse en nuestra vida cotidiana, lo que nos demuestra lo que ya muchos constataban: no hay tal frontera entre la realidad virtual y la otra realidad. La tecnología 2.0 ha permitido interconectarlas y, casi si me apuran, fusionarlas.

En la vida impera la experiencia subjetiva, que es donde nace la percepción y se remansan creencias, sensaciones y verdades, criterios con los que vivimos. Y ya no vale establecer el paralelismo entre lo onírico y la realidad virtual recreada en 3D. Una simple línea de texto puede tener tanta fuerza, tanto poder de convocatoria o tal efecto disuasorio como para reclamar su pleno derecho en la agenda social, hacerles adoptar posiciones a las empresas o simplemente ocupar por un tiempo lugar preferencial en la vida de los sujetos.

Y twitter también refleja en el tablón digital realidades propias de la vida analógica. Y viceversa.

A resultas del trabajo que ha presentado la antes Federación Española de la Economía Digital –FECEMD-, queda claro el uso, a favor o en contra, de este medio, como también se apuntan las numerosas posibilidades que ofrece a ciudadanos, organizaciones y empresas. Negarlo solo conducirá a encerrarse en una burbuja tan delicada o tan frágil como el jabón; es decir tan ilusoria en su función defensiva como inútil.

Los murmullos de twitter suenan a necesidades como expresarse, consumir información, compartir estados emocionales e intereses profesionales o de otro tipo, marcación social, promover o repudiar productos y servicios, promover los propios post -autopromoción de bloggers-, contrastar opiniones y debatir, charlar, recomendar, gestionar oportunidades de empleo… y permiten estar al día, crecer profesionalmente, compartir juicios y opiniones, facilitar el networking, dar cauce a la sociabilidad, mantenerse en contacto…

Sin excluir otros perfiles, puede decirse que hoy en día, en España, el uso de twitter –que no ha sido inmediato para el mayor porcentaje de los usuarios activos- persigue mayoritariamente fines profesionales y está más extendido entre quienes tienen alguna vinculación profesional con el mundo online. Es más frecuente entre los hombres que entre las mujeres –aún con presencia escasa-. Es una herramienta más habitual para los titulados superiores, entre los jóvenes y entre quienes trabajan por cuenta ajena con niveles medios de retribución. La mayoría de ellos con residencia en Madrid, a la que sigue Cataluña. Estos usuarios se conectan principalmente a través del PC –pero no solo- y mayoritariamente por la mañana o por la tarde, tanto desde el trabajo como desde el propio domicilio. Suelen acceder varias veces al día y por tiempo limitado, sus frecuencias de producción de tweets oscilan bastante, suelen seguir a menos de un centenar de usuarios y son seguidos por menos de un centenar de followers. Se muestran abiertos a recibir varios tweets al día de las empresas por las que sienten simpatía, pero la mayoría sigue a menos de 10.

Cada vez más ciudadanos, organizaciones y empresas se darán cita en la palestra twittera, pero la diferencia la marcarán quienes sepan encontrar en este reducido espacio un universo de posibilidades, aún inexplotadas, pero que parece que van por la vía del encuentro y del crecimiento mutuo.

© jvillalba

El artículo de Miriam Prieto Mamá, yo también quiero ser ‘community manager’ (Expansión 19/07/2010) me parece un resumen apretado, pero suficiente para trasladar la idea principal, que para mi no es otra que recalcar que la conversación sobre las marcas existe –lo quieran o no, incluso a su pesar-, y ya que no se puede controlar, mejor será establecer una estrategia para evolucionar desde la tradicional falta de escucha -o prepotencia empresarial- a la gestión de la conversación, pasando primero por entender y participar en el flujo conversacional de actualidad.

El título del artículo me parece bien elegido, pero hay que inferir el guiño que supone a la dialéctica entre modas y tendencias, sin embargo lo veo un ejercicio de cultismo que no resume la idea esencial: la reputación también se juega en La Red.

Hay otras cuestiones que me animan a comentar el artículo de Miriam Prieto.

Como en cualquier otro asunto novedoso, todavía en debate y cuya vigencia no se ha decantado en un territorio concreto, se corre el riesgo de sobrevalorar mágicamente el alcance de lo nuevo o de ningunear sus posibles ventajas. Como sucede con el atractivo de los social media para los ciudadanos y el temor que les inspira a muchas empresas o como también sucede en el caso de las profesiones emergentes y, más concretamente, con los Social Media Managers y los Community Managers, de los que tanto se habla últimamente.

Pero ni los unos ni los otros ni la mera presencia de las empresas en las redes sociales crean marca, como tampoco ésta crea el producto, más bien lo que sucede es que detrás de un buen producto, a su amparo, bajo su cobijo, se crea una marca. A partir de entonces es cuando empieza a tener sentido todo lo demás.

Con los servicios sucede lo mismo, o lo tienes y lo dispensas a satisfacción o no lo tienes y todo lo demás huelga. Pero así como cada vez importan más los buenos servicios y de alta calidad que respaldan los productos que se adquieren, también los servicios se van ‘tangibilizando’ y cobra mayor importancia la percepción del valor que los consumidores tienen de ellos.

Uno de los atributos esenciales de la cultura 2.0 es la escucha, sin la cual la conversación fracasa. Y aquella es una carencia manifiesa en el empresariado español que tiene que aprender a generar cauces de doble vía con sus grupos de interés.

Resulta difícil –no imposible- introducir estas ideas en el tejido empresarial cuando ni tan siquiera una mayoría quiere oir ni le interesa saber qué se dice de ellos, en un ejercicio de irrealidad mayúsculo.

Miriam Prieto alude a una realidad: “el recelo de las empresas a exponerse en los medios sociales”, mientras que José Antonio Gallego –dándome la razón- afirma que  “Casi todas las empresas del Ibex 35 tienen equipos que ejercen estas funciones”. El artículo se apalanca en comentarios de profesionales que trabajan en empresas como Coca-Cola, Banco de Sabadell, Repsol, Planeta, Movistar, Mapfre…, ¿Cuál es la situación con el magro del tejido empresarial español? Mi tesis es que resulta complicado conversar con quien no quiere escuchar, pero el mercado les obligará a hacerlo, antes o después, si bien en el ínterin algunas de éstas desaparecerán.

El ladillo “Nuevo paradigma” bien puede ser el resumen de la inversión de poder que los medios sociales representan y que la tecnología ha propiciado: el micropoder o el poder de influencia del ciberciudadano. Que ahora, en vez de pasar desapercibido, se amplifica en las redes sociales, espacios en los que numerosos ciudadanos convergen y ejercitan su derecho a la pablabra, como también en la blogosfera, en virtud del liderazgo que detentan los e-fluentials. Finalmente, el poder de prescripción del cara a cara, del boca-oreja, de la recomendación del conocido o del ciudadano de a pié afín a mí, ya nadie lo pone en duda.

En este complejo entramado de conversaciones y de relaciones es donde se ha de producir la relación y el acercamiento de las empresas a sus grupos de interés, no sólo a los consumidores. Negarlo es indicio manifiesto de obcecación.

Así, unos y otros tiramos en direcciones opuestas; quizá unos desgastando los términos, tal vez los otros haciendo oídos sordos de una realidad que no saben cómo manejar y prefieren, sencillamente, negar.

En fin, que antes de la definición de nuevas estrategias en los medios digitales hay que hacer muchos deberes que se inician con el aseguramiento de un buen producto o servicio y que no pueden ni quedarse sólo en eso ni en seguir aplicando estrategias que el mercado nos demuestra que están trasnochadas.

¡Pónganse manos a la obra, que el tiempo apremia! A la postre, es cuestión de querer o no querer. Y si no saben por dónde empezar, empiecen por escuchar.

Por cierto, ¿qué les dice su sistema de vigilancia competitiva?

© jvillalba

Introduciendo una marca en la caja de búsqueda de SoMeS se obtienen, en tiempo real, los índices de Impacto, Presencia, Conversaciones y SoMeS de la marca introducida. También ofrece el top 25 de marcas, las últimas búsquedas, los mejores y los peores resultados.

Herramienta de uso abierto en la web de la agencia NCA y Asociados, quienes el 1 de junio dieron a conocer el “Estudio de la influencia de las marcas en la sociedad 2.0”, realizado en colaboración con el Instituto de Empresa, un estudio que pone de relieve la importancia de las redes sociales para incrementar la notoriedad e impactar en los consumidores, si bien el mero hecho de la presencia en las mismas no es suficiente en términos de reputación. Prueba de ello es que compañías con presencia muy elevada obtienen los peores índices de reputación, como sucede con las compañías aéreas, las energéticas, los seguros, la telefonía y la banca.

Un estudio interesante que, entre otros muchos datos, pone de relieve el escaso uso de las redes sociales por parte de las empresas y, por ende, el desaprovechamiento del medio. Así, datos reveladores del estudio informan que:

“Facebook tiene un nivel de adopción de un 60% entre las marcas con presencia en España”, “Twitter, es utilizado por el 50% de las marcas objeto del Estudio”, “El 34% tiene un canal YouTube”, “El 33% tiene un tiene un canal en Flickr”, “El 27% opera un blog corporativo”, siendo “el número de redes promedio que utilizan las marcas analizadas es de 2.03”

Mientras que no se reconozca que la transmisión de información unidireccional ya ha dejado de ser una fórmula de comunicación válida, las empresas que no pasen a gestionar sus conversaciones seguirán perdiendo cuotas de influencia y los consumidores seguiremos ejerciendo nuestro derecho al zapping mental y desoiremos los reiterados monólogos con que pretenden entontecernos. Lo queramos o no, estamos en el “futuro-presente” de luna conversación que dio comienzo hace años.

© jvillalba

Si ustedes desean consultar una versión abreviada del mencionado estudio (abarca 100 marcas y 15 sectores de actividad), pueden descargarse el documento en formato portable. [NCA]

Autor

Javier Villalba

@j_villalba

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