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  1. Internet sigue siendo trascendental.
  2. La Conversación también está en La Red.
  3. Internet obliga. Abrirse a La Red supone cambiar.
  4. Sigue vigente la e-revolución.
  5. El micropoder suma.

La aparición de Internet en nuestras vidas, cuando menos, no resulta indiferente, excepción hecha del debate al que nos conduciría la todavía existente brecha digital, cifrada en 1.100 millones de hogares en todo el mundo, el 90% de ellos en países en desarrollo (Unión Internacional de Telecomunicaciones), lo que no invalida que Internet sigue siendo trascendental. Parafraseando a Genis Roca, Internet ya no puede considerarse un canal, sino una plataforma sobre la que poner en servicio diferentes canales de comunicación.

Internet es La Conversación o, si se prefiere, representa a la sociedad de la conversación. Comprenderlo es el primer paso para evolucionar de la mera participación en dicha concurrencia a proponerse gestionar la que nos concierna tomando en cuenta la aseveración de Neil Revilla, “A las redes sociales se va a conversar no a vender”, en vez de plantearse la presencia en la red social como burda táctica de negocio para hacer caja.

Internet es un medio que permite el establecimiento de diálogo, sin el cual no hay comunicación. Podrá trasladarse información, podremos intercambiar ‘objetos’, resultará posible emitir juicios o ideas en tiempo real o depositarlas para su consumo en diferido, podremos desplegar innumerables actividades, pero si no hay conversación no habrá realmente comunicación. Es en este detalle en el que reside toda la fuerza de Internet y las posibilidades que brinda para diferenciarse y obtener ventajas competitivas para organizaciones, empresas y, ¿por qué no?, para particulares. La Conversación también está en La Red.

No me resulta posible disociar comunicación y valores. Internet me parece que refuerza esta exigencia. Internet obliga. Internet, por sí misma, no genera interactividad, aunque dicha posibilidad ya esté implícita en este protocolo de comunicación. Al diálogo se llega habiendo hecho antes los deberes, siendo consistentes, resultando creíbles, ganándose una reputación, estrechando lazos de confianza. Por ello creo que Internet no es un medio más, como los otros, es diferencial y ésta es una plataforma multicanal que obliga a cambiar el paradigma de las prácticas de comunicación, sea ésta de la especialidad que fuere: corporativa o institucional, comercial, de marketing, interna, interpersonal o cualquier otra que se soporte en dicho medio.

Creo, en resumen, que en la sociedad actual (SIC) las empresas grandes y pequeñas que pretendan sobrevivir, si no lo han hecho ya, tienen que revisar sus paradigmas; tengamos en cuenta que en el S. XXI seguimos gestionando empresas con principios del S. XIX –lo decía Gary Hamel en el siglo pasado (The future of management)-. Las empresas tendrán que redefinir su visión, apostar por un estilo propio y afianzar valores, adaptando sus políticas –y entre ellas las de comunicación- bajo una óptica de auténtica responsabilidad social, definir su posicionamiento públicamente y demostrar coherencia en todos sus comportamientos -incluidos los comunicacionales-. Abrirse a La Red supone cambiar.

Internet es una palanca estratégica que posibilita adaptarse y cambiar, pero también ejerce como espada de Damocles dispuesta a malograr cambios superficiales, pues sigue vigente la e-revolución impulsada por el activismo ciudadano. La Red supone todavía una revolución trascendental a la que nos estamos adaptando, un nuevo idioma que seguimos aprendiendo, cuyo principal activo descansa en el micropoder que confiere, que abarca desde el pronunciamiento individual hasta el poder de la multitud (crowdpower) expresado en convocatorias, manifestaciones y protestas.

No descubro nada nuevo si destaco que la revolución del protocolo TCP/IP, entre los numerosos cambios de estado que ha venido propiciando, nos ha procurado la democratización de las comunicaciones, que cobra un matiz especial al rebufo de los avances tecnológicos que han dado lugar a la cultura 2.0, un movimiento que nos permite experimentar una nueva evolución en la manera de concebir el mundo y las relaciones.

El ciberciudadano, en todas las facetas de su vida, se transmuta de mero espectador en productor, lo que ya fue posible en la etapa 1.0, si bien entonces para una minoría. Hoy, el impulso de las TIC ha desplazado el poder y nos ha dotado de una capacidad antes insospechada (micropoder) sobre la que, cada vez más, vamos tomando conciencia.

Además de nuevos usos y profesiones, hoy cobra vigor la figura del ciudadano periodista y muy especialmente la de quienes son capaces de influir desde la palestra digital, generando corrientes de opinión y macrotendencias, en las que puede residir el foco de algunas alegrías o disgustos (e-fluentials).

Hay que admitir que Internet ha desplazado el centro de atención desde el Establishment hasta los grupos de interés, entre ellos los consumidores, quienes reclamamos un nuevo estilo de gestión y de relaciones; ahora nos podemos unir para sumar, podemos expresarnos y está en nuestras manos hacer y deshacer. El micropoder suma.

Ser consciente y admitir, por tanto, el nuevo reparto de papeles y poder –cambio propiciado por Internet-, asimilarlo e integrarlo en el propio pensamiento estratégico de empresas y organizaciones todavía hoy puede ser el hito que marque la diferencia entre tener y no tener futuro.

© jvillalba

No más de quince espectadores nos reunimos el sábado pasado en una sala en la que se proyectó la última película dirigida y coproducida por George Clooney. Los que fuimos juntos convinimos, a la salida, que la adaptación merecía la pena; coincidiendo, esta vez, con la crítica mayoritaria.

El mensaje principal, sencillo: “el poder corrompe”. La trama, bien urdida. El guión, bien resuelto. La moraleja, consabida: la historia se repite. La conexión con nuestras vidas, creíble: “la ambición seduce”. La conclusión, el círculo está viciado.

Un político bienintencionado que cada vez que trazaba una línea sobre la arena se ve obligado a dibujarla un poco más allá del límite que se había impuesto (¿les suena?); renunciando a sus ideales.

Un director de campaña forjado en el esfuerzo y la lealtad que sale perdiendo (¿les resulta familiar?).

Un jefe de prensa con criterio y capaz, animado por unos ideales, que se termina hundiendo en el fango para (curiosamente) salir a flote (¿les extraña?).

Una reportera del Times que juega aquí el rol del ‘vidente del César’; simbólicamente representado por el jefe de prensa.

(¿No somos, cualquiera de nosotros o nosotras, los Césares de nuestros imperios?)

Los personajes, bien dibujados. El escenario, bien descrito. Un cabo suelto: la inexplicable muerte de una becaria que le permite al jefe de prensa extorsionar al candidato y quitarse de encima a quien antes le había aleccionado (familiar, ¿no?); exigencias del guión, en este caso justificadas, para sostener el leitmotiv del mensaje.

Un film de presupuesto ajustado en el que no se echan de menos otros efectismos, y cuyos beneficios llevan la etiqueta de exitosos.

Una obra adaptada para pensar y debatir, una película para la reflexión sobre la distancia que media entre las convicciones y la lealtad, pasando por la moralidad, en la que cobra un papel principal la comunicación como elemento central de nuestras vidas, que bien puede ponerse del lado de la transparencia como del lado de los intereses de parte, pervirtiendo lo que llamamos estrategia.

Un guión en el que los personajes se van autodefiniendo sobre la base del estilo de comunicación por el que finalmente optan, expresando así su personalidad, adaptando su manera de comportarse y fijando la visión del mundo que hacen prevalecer y, en consecuencia, de sus vidas.

Una cinta que les recomiendo porque su mensaje me parece ejemplar.

Decidan ustedes el precio del poder, o del supuesto éxito social; nuestra libertad también consiste en eso. En decidir quiénes nos proponemos ser y hasta qué punto somos capaces de lograrlo.

© jvillalba

APD y DIRCOM, con el patrocinio de Adecco, Inforpress y DKV, han tenido el acierto de convocar una jornada, el primero de diciembre, cuya hipótesis ha sido supeditar el progreso de las empresas a la gestión estratégica del grupo de interés interno.

Una jornada de sugestivo título (“Comunicación y Recursos Humanos: un tándem estratégico”) que reunió nutrida asistencia, probablemente ávida de cotejar enfoques, en el hotel Puerta América.

A excepción de la excelente ponencia de José Manuel Velasco (“La ecuación de la felicidad”) no se descubrió nada nuevo, nada que no supiéramos, si bien resulta meritorio dar un giro para centrar la totalidad de una jornada en idea tan principal como verdadera: o cuentas con tu gente o tu gente dejará de contar contigo. Así de simple. Así de real. Así de sencillo.

Y si resulta tan obvio, ¿por qué nos empeñamos en negar las evidencias? ¿Por qué gestionamos a la contra? ¿Por qué retiramos el foco del escenario mientras iluminamos palcos y filas de butacas? ¿Por qué relegamos al grupo de interés principal a meros espectadores?

Ya digo que no es la primera vez que remachamos este clavo. Lo distinto, lo diferencial, lo novedoso fue decirlo todos a una: las oportunidades de las empresas dependen hoy, más que nunca, del lado de las personas; su éxito o su fracaso son una función directa de la forma en que gestionemos nuestros activos intangibles. Y ahora importa menos fijar su impacto en la cuenta de resultados que empezar a reconocer que, en efecto, impactan. Y mucho; más cuanto más prolonguemos su efecto en la línea de tiempo.

Aunque sabemos que resulta muy difícil cifrar el impacto de la gestión de intangibles en el negocio, ha llegado el momento de reconocer que la gestión de personas es clave, lo que demanda un nuevo estilo de liderazgo caracterizado por tener la sensibilidad para edificar entornos de trabajo ilusionantes. O no ilusionarán.

Desde esta perspectiva resulta esencial para las empresas revisar sus estilos de gestión y dotarse de un equipo directivo capaz de trabajar, homogéneamente, la lealtad. Para lo que hay que compartir una visión y saber materializarla.

Pero la lealtad exige reciprocidad, precisa credibilidad, requiere ejemplaridad y necesita confianza; es la magnitud de la evidencia, y no la norma y no el procedimiento y no el régimen disciplinario, la que obra el milagro de la alineación, una condición sin la cual ni proyecto ni éxito son posibles.

Si los trabajadores, tal y como creo con rotundidad, han de estar en el centro del negocio, no resulta difícil darse cuenta de que por término medio nuestro estilo de gestión es excéntrico. En las empresas casi todo gira a mucha distancia del centro geométrico; salvo honrosas excepciones que puedan demostrar que hacen coincidir hipocentro y centro de giro.

Lo hemos dicho incontables veces, los trabajadores son los embajadores de las empresas. Una tesis que nos lleva a otro principio: el origen de la comunicación empresarial, su inicio, no puede ser otro que la comunicación interna. Axioma que pervertimos, pues en numerosos casos es justo a la inversa: la comunicación se concibe de puertas afuera y se inicia a expensas de los de dentro.

Pero también –como tantas otras veces se ha dicho- ha llegado la hora de superar divisiones teóricas y artificiales para evolucionar hacia una concepción única de la comunicación en la que las diferencias han de venir dadas por los segmentos de audiencia con los que se pretende interactuar o comunicar. Y digo bien, interactuar, porque la comunicación sin retorno, sin diálogo, sin escucha, no es comunicación.

Quizá de una vez por todas había que decir también que cuando la gestión se olvida de las personas, éstas se autogestionan, pues también hay gestores que, de espaldas a toda realidad prefieren hacer oídos sordos en un esfuerzo de negación para no poner en evidencia su incompetencia directiva; cuando no otras intencionalidades.

Albergaba el temor de considerarme un tanto radical, pero #RHCOM me ha reforzado la idea de que hay una primera acción que podemos y debemos acometer sin dilación para afrontar esta etapa tan crítica en la que nos encontramos: depurar la legión de ejecuDivos que lastran proyectos empresariales.

© jvillalba

Repasando mi cuaderno de notas, redescubro una anotación de febrero que ponía: “Estamos buscando gente que le gusta predicar con el ejemplo”

El anuncio se orientaba a captar candidaturas para cubrir un puesto de jefe de RRHH en Alzira, Valencia.

Con independencia del puesto y de los requerimientos, haciendo caso omiso del detalle de la convocatoria, capturó mi atención tan afortunada entradilla, que interesaría grabar en la memoria de managers, directivos y empresarios.

Queriendo pensar que dicho principio se fundamenta más en un estilo (probado) de empresa que en un mero afán publicitario, tal declaración nos pone ante una de las primeras responsabilidades de quienes ostentan cualquier posición de mando: dar ejemplo; ser modelo de actuación. En una palabra, la ejemplaridad.

Y ya que el nuestro es un país en el que el fútbol y sus personajes tienen gran predicamento, apalancaré mi afirmación en lo que les dijera Vicente Del Bosque a los protagonistas del juego: “(…) podremos perder un partido, pero no podemos olvidar que somos un ejemplo para la vida”; lo que interpreto en alusión al poder mediático de estas figuras, principalmente entre los jóvenes, y la responsabilidad ética que tienen al representar unos modelos sociales a los que imitar y muchos quisieran emular.

Con frecuencia se nos olvida el impacto que el estilo y el comportamiento de los dirigentes tiene sobre la percepción de quienes, por devoción o por obligación, les siguen o se les someten. Como también frecuentemente se nos pasa incluir, entre las interminables listas de herramientas para la comunicación, el poder de convocatoria, convicción o descrédito que tienen los comportamientos de todos aquellos que más o menos mandan.

Gente que le gusta predicar con el ejemplo; lo que equivale a decir “Obras son amores y no buenas razones”; osea, un estilo que prima los hechos sobre las palabras. O también, como le espetaran a Zenón de Elea, que “El movimiento se demuestra andando”.

© jvillalba

Un blogger me ha pasado la referencia de un post de Germán R. Udiz, fechado en mayo, que ha reabierto algunos pensamientos que había aparcado por el momento.

Se da la circunstancia de que hacía un par de días acababa de enviar una nota sobre la responsabilidad de mandos y directivos en la gestión de la vinculación, pues me parece asunto crucial para impulsar a las empresas.

Además, anteayer estuve releyendo algunos de los párrafos que subrayé en ¡Influye!, de Enrique Alcat, con quien me siento muy de acuerdo en numerosos planteamientos.

Y es que si tuviera que fijar el porcentaje, diría que el 95% de los problemas de las empresas tienen su causa en la mala comunicación.

Mi hipótesis sigue siendo la misma: no consideramos al grupo de interés interno como nuestro principal socio estratégico. Y así nos va. No bien. No muy bien.

Volviendo al post de Germán, obviamente me parece acertada su conclusión (“La prevención es siempre la mejor herramienta”) como racionales sus propuestas, si bien, en mi caso, cargo más las tintas en la gestión de la lealtad que, como es sabido, requiere conductas intachables por parte de quienes dirigen y, además, saber crear y mantener un ambiente de trabajo saludable, lo que necesariamente pasa por hacer converger intereses y expectativas, de unos y de otros. Y de la empresa como instrumento generador de riqueza al servicio de la sociedad, que es lo mismo que decir a favor de sus grupos de interés y de ella misma.

Pero este instrumento necesita ser recalibrado; requiere ajustarse a personas y tiempos; precisa reinventarse.

Desde las cavernas hasta la escritura. Desde la protohistoria hasta la imprenta, pasando por la revolución industrial y el movimiento obrero. Desde Usenet hasta el 2.0, la evolución de la historia de la gestión de personas, representada desde la época moderna por el movimiento de los recursos humanos, alberga un mismo propósito: despejar variables que impidan conseguir la mayor productividad del trabajador, manual o de cuello blanco; del trabajador, digo.

Y seguimos en el mismo punto, pero sin admitirlo o disfrazándolo, sin terminar de dar el paso que la realidad actual nos demanda: poner de una vez por todas y de verdad a los auténticos socios en el centro del negocio, al frente de la empresa, dando la cara.

Teníamos una herramienta para gestionar la información al servicio de la cohesión; ahora tenemos una palanca estratégica para gestionar lealtades, para influir, hay que decir positivamente, pues la influencia hay que adjetivarla para diferenciarla de la manipulación; ahora tenemos la posibilidad de aprender a administrar la comunicación para vincular, para aventajarnos si logramos el concurso de las voluntades.

Pero la comunicación supone un problema de comprensión toda vez que tiende a identificarse con datos, mensajes, escritos, documentos, noticias, palabras, reuniones, producción de discursos, información… transmisión de información de unos a otros. También lo es, pero no solo ni lo principal.

La comunicación son actos individuales y grupales, son comportamientos visibles, son hechos observables. Éste es el problema de fondo. Normas, procedimientos, políticas… son comunicación. Gestos, estilos, decisiones… son comunicación. Agenda, prioridades, tiempos de dedicación, dotación de recursos y destinos presupuestarios son también –entre otros- hechos comunicacionales.

Para terminar, ya que Germán tiene el acierto de apostillar la importancia de la comunicación (“… abrir vías de comunicación con los empleados”), no puedo omitir la afirmación de Peter Drucker cuando dijo que el 60% de los problemas de las organizaciones se deben a una mala comunicación; porcentaje que hoy, en la sociedad de la información y del conocimiento, ha debido de subir hasta el 95%, al menos.

© jvillalba

Raúl, un tipo cuya amabilidad iguala su estatura, me ha traído un ejemplar de su “Tiempo para decidir“, de manera que sin más demora he empezado a devorarlo durante la comida, que solo me ha dado para ingerir un 30% del nutriente de esta obra aliñada con cariño y servida en 222 páginas.

También hoy ha coincidido que Marta me ha remitido el artículo de Pilar Jericó que, como ya sabe toda nuestra comunidad, ha sido -y no en vano- la “ganadora de la 2ª Edición del Premio Literario RRHH Digital”.

Para más abundamiento, en animada charla con Julio Sanz, de Kit digital, solución que recomiendo encarecidamente conocer de viva voce, hemos llegado a la conclusión –como no podía ser de otra manera- de que ‘esto va de personas’.

Y así es, “esto” va de personas. Personas somos los jugadores que conformamos un equipo y sin nosotros el juego no se produce; personas somos los trabajadores, los clientes, los ciudadanos, los votantes. Todos nosotros somos personas, incluso también los mandos intermedios, los directivos, los CEO’s, los políticos…

Pero no actuamos así. ¿Y por qué, si esto va de personas?

Hace pocos días, casualmente capturó mi atención el programa tres14, cuyos editores habían sabido aunar dos términos que me llevan a lo mismo y que para mí encierran fuertes connotaciones comunicativas: violencia y empatía.

Pero nos cuesta empatizar y lo cierto es que vivimos y nos relacionamos en una sociedad con variadas y fuertes dosis de agresividad, que ¡para qué negarlo! producimos nosotros mismos.

Resulta chocante. Los trabajadores somos quienes a la postre jugamos el juego de hacer rentables a las empresas, sin embargo los entrenadores que nos dirigen apuestan más por interactuar agresivamente y pocos son los que adoptan perspectivas empáticas para alentar a sus equipos.

También ayer RRHH Digital se descolgaba con el siguiente titular “Las empresas dirigidas por mujeres son más rentables”. Pocos días atrás –el 24- numerosos medios se hicieron eco de los resultados del Barómetro Edenred-IESE, según el cual la mayoría de los encuestados preferimos tener por jefe a una mujer. No lo digo por nada ¿O sí?

Y es que esto va de personas, pero nos cuesta reconocerlo.

Decía que resulta chocante. Chocante es que los seres humanos seamos los causantes de daño y atrocidades –ejemplos bien actuales tenemos todos presentes- a nuestros semejantes; ya sea burda o refinadamente, pero parece increíble lo crueles que podemos llegar a ser.

Resulta chocante que numerosos trabajadores verbalicen su malestar. Resulta chocante que todavía haya jefes que no son ni llegarán jamás a ser líderes. Resulta chocante que todavía existan entornos laborales que textualmente impidan a las personas apasionarse con su trabajo. A mí todavía me sigue asombrando que en las empresas nos preguntemos cómo motivar al personal y que algún jefecillo bien intencionado pregunte cómo puede motivar a su equipo.

Sinceramente creo que la motivación está en uno y que el mérito de jefes –y empresas- está más en no desmotivar, frustrar, cortapisar, amputar, atechar, ningunear a quienes ya, de por sí, seguro que albergan el deseo de que les dejen entusiasmarse con su trabajo.

Pero volviendo a lo que decía, lo que va de personas va de relaciones, de interacción, va de gestos y de guiños, va de actos, va de comunicación y va de a quienes consideras personas y a quienes no o menos o de inferior rango, categoría o clase.

Te comunicas, y lo haces con esmero, con quienes te importan y saludas de pasada a quienes no te resultan tan interesantes, aunque en realidad lo sean. Y esto mismo es lo que venimos observando en algunas empresas cuyas prácticas de comunicación se dirigen con cuidado al exterior mientras se descuida el interior.

Quizá haya llegado el momento de empezar a replantearse la prioridad de las relaciones de las empresas con su público, con sus grupos de interés y haya que empezar a interesarse de verdad por la comunidad interna, ese equipo de jugadores sin los que no hay partido que jugar.

Es posible que también haya llegado el momento de revisar planes y presupuestos de comunicación y reasignar partidas porque, si esto va de personas, las personas principales son las que primero merecen ser enamoradas.

Por suerte, barómetros y tendencias nos vienen informando que este giro, sin restarle importancia a otros segmentos del público, se está operando tímidamente en España. La cuestión, ahora que hay ocasión, está en adelantarse a otros; rezagados y timoratos perderán la ocasión de fortalecer su marca interna y para cuando lo hagan su diferencial de valor será mínimo en el par retención/atracción.

© jvillalba

Ustedes tienen datos de ello: las redes sociales se han disparado.

Quizá aquella eclosión, ahora generalización del canal, sea lo que me lleva a barruntar que éste 2011 va a ser un año de colonización y socialización para los medios sociales; ahora mismo muy extendidos, tanto en la esferas públicas como en el uso particular, si bien quedan dos territorios por evangelizar: el uno, con enormes extensiones vírgenes todavía; me refiero a la aplicación de los medios sociales al ámbito interno de las empresas. El otro, de conversión desigual; se trata del mayor uso y de los usos extensivos de las redes sociales, por parte de las empresas, no sólo como medio de aproximación y de relación con sus grupos de interés -entre el que también se encuentra el de los trabajadores, al que me refería en primer lugar-, sino como una opción más para la capitalización del negocio.

En dicho sentido y con relación al impacto de los social media, 2011 va a ser para las empresas españolas un año orientado a poner el foco en el retorno de la inversión (ROI & IOR) y también un ejercicio de extensión, ensayo y apertura, todavía a tientas y con timidez, de las redes sociales a las comunidades internas, pero tratando de ligar intereses del negocio con el uso y aprovechamiento del nuevo ecosistema para generar valores contables.

Hemos pasado de observar una tendencia a incorporarla en nuestra vida diaria, introyectando estas nuevas fórmulas comunicacionales hasta llegar a considerarlas lógicas, naturales y cotidianas y, por tanto necesarias, demandándolas allí donde no se nos proporciona dicho vehículo para el establecimiento de interacciones o como una opción más relacional, ya sea con la marca, ya con otros consumidores, ya con nuestros iguales o, incluso, con administraciones y asociaciones.

2011 va a ser un año social. Y quienes no se posicionen a favor de lo social se significarán, por omisión o dejación, de ‘antisociales’ en el sentido de representar un lastre para la convivencia y el progreso social de la organización, provocando la caída de los índices de notoriedad y haciéndoles perder enteros a la marca hasta quedar olvidada; cuando no, vilipendiada en los mentideros sociales.

Digo que los datos de prevalencia de los medios sociales están a la mano de cualquiera y que, si hemos encontrado una fórmula para acercarnos, que nos parece natural en nuestra vida diaria, tendemos a generalizar la adopción de dicha solución, que no pretende ser exclusiva, pero sí que figure entre las alternativas a elegir para hacer uso del canal cuando nos parezca pertinente; ya sea por comodidad, por amplitud, repercusión o por cualquier otro motivo; pero en toda ocasión, percibiendo algún valor dimanante del uso.

Hay que empezar por comprender que lo social no va de herramientas, sino de actitudes que se virtualizan en contenidos y propuestas que concitan y sirven de nexo, de conexiones que incrementan el valor social y amplifican alcances y de valor y de agregación de valor: valor percibido, valor atribuido, valor adquirido, valor aportado, valor obtenido… y de intercambio de valor, de conformidad con los valores que representa y define la horizontalidad de la cultura 2.0 que, a la postre, significa corresponder o corresponderse, verbos que se constatan únicamente cuando se es capaz de crear y animar a producir correspondencia.

Mi visión para 2011 es la que me lleva a denominarle Año Social, un año en el que sin duda cobrará mayor carta de naturaleza la movilidad y en el que el binomio ROI-IOR presidirá las estrategias y las apuestas social media por parte de empresas y particulares; un ejercicio en el que, en aras del negocio, tanto a las redes externas como a las internas se les buscará el valor contable que las justifique; una época de experimentación para encontrar cómo aprovechar las ventajas sociales en términos de productividad y de lealtad; un año, al fin, en el que lo social se incorporará a todas las facetas de la vida cotidiana, ampliando nuestra manera de entender el nuevo mundo, que no es otro que la integración de ambos.

En 2011 terminará de morir lo digital que no adopte social como consigna y desaparecerá lo analógico que no tenga su correlato en lo digital. Ya nadie podrá plantearse estar o no estar porque la consecuencia será ser o no ser.

© jvillalba

Esta mañana, en el marco del programa Habilidades para el éxito, uno de los que promueve la organización Junior Achievement, tenía que tener la primera intervención, de las siete que me corresponden, con un grupo de alumnos en 4º de ESO. Iba al colegio en metro, tenía los objetivos claros, mi intervención perfectamente preparada y un gripazo de aupa, lo que no me impedía que me fuera preguntando cómo ganarme la atención y escucha de estos chavales, pues ni se trataba de impartir una clase magistral ni de hacer alarde alguno, simplemente de resultarles útil.

La cosa no era tan difícil: naturalidad e integridad, un lenguaje sencillo para chicas y chicos de 15 años, ganarme su confianza desde el primer segundo -mirarles y sonreir- manteniendo la seriedad y el respeto, llamándoles por su nombre, ofrecer cercanía con un tono de comunicación cordial, abierto, distendido, invitándoles a participar, estableciendo un par de reglas sencillas, preocupándome por hacerme entender y ayudándoles a reformular cada idea principal –no muchas, tres-, ofreciéndoles un trato respetuoso, estimulándoles a pronunciarse y a no temer confundirse, siendo leal al grupo –son uno- y asignándoles pequeñas tareas de ayuda, haciéndoles perder el miedo.

He regresado con la impresión de que en esa hora me he ganado su confianza y me he sentido satisfecho porque ellos, los dieciocho, han llegado a una primera conclusión: “Tenemos que aprender a comunicarnos para trabajar en grupo”; una conclusión que me parece de primera y que es suya, y la primera de las siete que me he propuesto dejar en su recuerdo. “Tenemos que…”. Si capto la necesidad, es posible que me esfuerce por hacerlo mejor.

¿Cómo nos ganamos la confianza de los otros? Sin duda, con honestidad. Siendo nosotros mismos, pero sin necesidad de avasallar a alguien; con respeto, mediante sencillas fórmulas de comunicación, ampliando nuestra ‘rejilla’ pública, agradeciendo que nos ofrezcan ver lo que perciben de nosotros, compartiendo y delegando responsabilidades, poniéndonos en su lugar, mostrando lealtad, sin aprovecharse de las circunstancias. Siendo gente normal.

¿Es tan distinto en las empresas? Me parece que no, solo que no lo hacemos.

Cuando trabajaba en selección de directivos muchas veces comentaba que lo más difícil en selección era encontrar gente ‘normal’, queriendo expresar con ello la mucha patología que existe en el mundo del trabajo y más en el sector de los ‘ejecudivos’.

Sin ganarse la confianza no se puede pretender ser popular, tener autoridad sobre alguna materia o tener la capacidad de influir en otros.

Ya de regreso a la oficina, también en metro, se me ocurrió que quizá no estuviera de más que dedicase unos minutos a reflexionar sobre mis índices de popularidad, autoridad e influencia en la empresa y me vine anotando algunas preguntas para mi autoevaluación:

¿Se me requiere? ¿Se me invita a participar en determinados proyectos? ¿Recibo la información que necesito? ¿Cuál es mi volumen (y calidad) de interacciones? ¿Qué número de interacciones no requeridas por mi actividad tengo y mantengo con buena salud?…

¿Se admiten mis propuestas? ¿Se considera mi criterio? ¿Se me confía la gente? ¿Se me menciona como referencia para defender posturas o para aprobar decisiones? ¿Se me formulan consultas desde diferentes estamentos? ¿Se me pide apoyo o consejo? ¿Se me confiere la calificación de experto? ¿Se me consultan asuntos de empresa que exceden el ámbito de mi actividad?…

¿Influyo en los demás? ¿Hacia los de arriba? ¿Hacia los de abajo? ¿Lateralmente? ¿Se votan mis propuestas a favor? ¿Me sigue la gente? ¿Mi palabra tiene un valor en la organización? ¿Cuento con aliados? ¿Tengo ‘buena prensa’? ¿Recibo confidencias? ¿Se me incluye en el circuito informal? ¿He contribuido a modificar decisiones de otros?…

La reputación que pueda tener un oficio o la que se le confiera a una profesión no salva al profesional mediocre del juicio de incompetente. A priori, la ‘magia de la bata blanca1 no convalida examen cuando, en el ejercicio de su rol, el profesional no acierta a reputarse frente al ‘paciente’. De incio se le concede la ventaja de la casta médica, quizá amparada en la herencia filogenética desde la sociedad tribal (magos, brujos, chamanes, curanderos…), pero la interacción es determinante y los resultados cantan por sí solos.

Ganarse la confianza contribuye a reputarse. Pero la confianza no se gana en una hora, ni en siete sesiones; se construye en el día a día todos los días, en cada acto, con cada gesto, en cada intervención y no solo hay que mantenerla, sino que resulta imperativo revalidarla.

Y esto solo lo pueden hacer personas normales que, sin menoscabo de su competencia profesional y sin afección, resultan cercanas, seguras de si mismas y respetuosas, asertivas y capaces de poner por delante el talante humano ante los humanos: humanizándonos.

© jvillalba

1. Reconocimiento previo que se les confiere a los médicos por el mero hecho de licenciarse en medicina y por extensión a otros profesionales.

Una de las pruebas de que la comunicación (el diálogo social) no funciona es la huelga de metro. Parece ser que quienes contienden en defensa de los supuestos intereses de los trabajadores les piden a éstos, como sucedió en la pasada convocatoria con los funcionarios, que dejen de percibir el salario no trabajado por sumarse a la convocatoria de huelga. O, como en este caso, que asuman el riesgo de un despido procedente por incumplimiento de los servicios mínimos.

Esta mañana en Madrid los había que explicaban –nadie pone en duda el derecho a la huelga- la necesidad de hacer ruido y de movilizar a la gente para que Gobierno y empresarios escuchen a los oficiantes. No sé si el argumento es consistente, pero si no se hace nada, nada cambia. Esto parece al menos verosímil.

En las huelgas veo que perdemos todos: primero los trabajadores que se manifiestan previo pago de su derecho a no acudir al puesto de trabajo; seguidamente los ciudadanos, a quienes se causa un perjuicio notorio: no pueden acudir a trabajar o tienen que afrontar numerosos inconvenientes para personarse en el lugar en el que debieran estar, a los que muchos llegan tarde. Consecuentemente, gentes de toda condición, que utiliza los transportes públicos para resolver distintas necesidades, ve quebrados sus derechos a ir al médico o de hacer cola para gestionar determinados asuntos o se ven privados de visitar y atender a otros familiares o se les impide acudir en busca de trabajo o de llegarse a tiempo a otra cita… O no pueden desplazarse desde el aeropuerto o desde cualquier otra estación de llegada. O tienen que optar por el vehículo privado o por invertir parte del recurso semanal en un taxi –si lo encuentra-.

Metro también pierde –he ahí el argumento de la codicia: la pérdida de ingresos- y entre tanto los miembros del Gobierno experimentan las molestias de -si llegara el caso- transitar por la ciudad con mayor densidad de tráfico, en sus coches oficiales, para –supuestamente- ejercer, como los demás –a quienes también se nos las suponen-, sus funciones.

Además del empobrecimiento económico que representa para el país –otros se encargarán de estimar los datos-, un efecto principal que tienen las huelgas es el eco que despiertan en los medios de comunicación social –necesitados de noticias-, así como sus posibles repercusiones, en la opinión pública, socavando la imagen de los gobernantes, que es frente a quienes hay que actuar.

¿Vale la pena? Me gustaría saber el ejercicio que hacen de su voto los huelguistas, como también me agradaría comprobar que ejercen sus derechos sin menoscabo de los de otros. Reconozco que encontraría regocijo en la búsqueda de nuevas fórmulas de protesta o de reivindicación capaces de ejercer la presión suficiente sobre los poderes fácticos como para poder encontrar, y pactar, un punto de equilibrio en tanto se resuelven discrepancias ante intereses, posiblemente en un primer vistazo, contrapuestos. ¿Dónde están las huelgas 2.0?

Y es que la comunicación y el arte de la negociación fallan cuando se instruye el principio de la imposición como consecuencia de un mal entendido desequilibrio de fuerzas, pues sucede que no estamos para servir a los Gobiernos, sino nuestros representantes a nosotros; es decir, a la sociedad, como también las empresas.

Se impone, también en esto, un cambio de perspectiva.

A poco que se escudriña el panorama de actualidad, a uno no le queda más remedio que reconocer que nos encontramos en pleno S. XVI.

¡Y a mí, qué!

© jvillalba

Autor

Javier Villalba

@j_villalba

jvillalba

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Apolo recorrió la tierra y los infiernos... Sumido en un sueño profundo surcó la grande mar a nado y bajó hasta las profundidades abisales en busca de sí mismo...

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RSS De textos y pretextos

  • ¿Puedes recomendarme? 12 noviembre 2011
    Un fenómeno que, en el caso que nos ocupa, y debido al abuso, ha terminado por traducirse en la frase “Eres más falso que una recomendación en LinkedIn”.El valor de las recomendacionesAntes de concluir un proceso de selección profesional, el seleccionador suele echar mano de las referencias profesionales en un intento de discriminar valías, pero también como […]
    noreply@blogger.com (Javier Villalba)
  • Nuevas herramientas de comunicación interna 12 noviembre 2011
    Publicado originariamente en dir&ge y en Qbinet 10 noviembre 2011Cuando una organización se plantea aprovechar las ventajas que las herramientas 2.0 nos reportan, antes de implementar el software milagroso ha de tener resueltas otras cuestiones.Hace unos días recibí –y agradezco- la nota de prensa de la salida al mercado de ComInBlog, una red privada de […]
    noreply@blogger.com (Javier Villalba)
  • La marca personal marca la diferencia 6 julio 2011
    Publicado originariamente en Monster blog de empleo 30 junio 2011Más de 4 millones de ciudadanos en situación de desempleo son conscientes de las dificultades actuales para recolocarse y también para acceder al primer empleo. No hace falta acudir al barómetro del CIS para darse cuenta de que la principal preocupación de los españoles es el paro. Como digo, m […]
    noreply@blogger.com (Javier Villalba)
  • La amenaza de la Comunicación Interna 30 junio 2011
    Publicado originariamente en Qbinet blog 30/06/2011Resulta difícil comprender por qué una palanca estratégica se encuentra tan debilitada en numerosas empresas. Me refiero a la función de comunicación interna que, en la mayoría de los casos de empresas que conozco, se relega a mera actividad de publicación de contenidos –bajo diferentes formatos y para disti […]
    noreply@blogger.com (Javier Villalba)
  • Dirigir personas 24 junio 2011
    Publicado originariamente en dir&ge. Network Directivos & Gerentes. Abril 2011.Dirigir personas no es tarea fácil y, además, como en muchos otros órdenes de la vida, no se nos prepara para ello, ni de críos ni de jóvenes, tampoco en la Universidad, difícilmente en los primeros trabajos, con suerte cuando ya aportamos algún bagaje profesional y estamo […]
    noreply@blogger.com (Javier Villalba)

Javier Villalba

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Encuentros

Cuando faltan las palabras, cuando sobra el silencio, cuando a solas te relegan o cuando a solas te encuentras, de ese encuentro contigo, surgen estos escritos, compañeros de viaje, que quizá sólo tú entiendas, que quizá sólo a tí atiendan, que quizá sólo tú leas cuando sin compañía te acompañes.

RSS Lighthouse Consultores

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RSS Liderando el futuro

RSS Cultura comunicativa

  • Nuevo encuentro de la Asociación Argentina de Comunicación Interna en su sede de San Juan 20 octubre 2014
    Estimados/as miembros de AAdeCI: Los quiero invitar a participar de la charla sobre “COMPETENCIAS CONVERSACIONALES. El arte de conversar con efectividad en las organizaciones”, que se realizará dentro del marco de reuniones y encuentros que desarrolla la Asociación Argentina de Comunicación Interna en su sede de San Juan. En esta oportunidad “Competencias Co […]
    Maximiliano Bilella
  • Mandos medios: construyendo liderazgo desde la comunicación 10 octubre 2014
    “Los mandos intermedios son una pieza clave en el proceso de comunicación”. Revista Capital Humano, Nº 174       Diversos estudios e investigaciones señalan que los empleados quieren ver y escuchar a los jefes, realidad que se refleja continuamente en las empresas locales. A pesar de los diferentes canales y novedosas alternativas de comunicación interna exi […]
    Maximiliano Bilella
  • DialogusCI: Comunidad Colaborativa de Comunicación Interna 18 septiembre 2014
    Leer la entrada original: Comunidad Colaborativa de Comunicación Interna Blog: Talentos Reunidos Autora: Lelia Zapata
    Maximiliano Bilella

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