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El XI informe1 de marzo de 2011 de Capgemini, sobre la presencia del sector asegurador en Internet, basado en el análisis web de 46 compañías de seguros, que representan el 77% de la cuota de mercado, resulta clarificador. La conclusión principal no es otra que el sector asegurador todavía tiene pendiente la asignatura de las redes sociales.

Tal aserto supone una contradicción manifiesta si se compara la importancia que se dice conferir a la Red con el grado de implantación al que se ha llegado. 

Dicho estudio1 reconoce que, si bien las compañías de seguros han conseguido cierto desarrollo web, que facilita algunas transacciones (tarificación, contratación, declaración de siniestros), todavía las funcionalidades ofrecidas por estos websites distan de lo que sería deseable. 

Puede que merezca la pena hacer algún comentario marginal a los 4 desafíos sectoriales que proponen los investigadores: 

Crecimiento del canal.

Si en el IX informe2 se partía de que, mediante el canal Internet, se captaba (2009) menos del 3% del negocio, pronosticándose para 2010 un incremento de hasta el 6%, en marzo de 2011 nos encontramos con que no se llega al 5% de captación por dicho canal.

Cumplimiento de la LISI.

Dado que la ley no establece el modus operandi, ni tan si quiera sanciones, podríamos admitir que -grosso modo- la mayoría cumple, pero que también hay que afinar más en asuntos tales como accesibilidad, e-contratación, factura electrónica, firma electrónica, adaptación de promociones/precios y publicidad o facilitación de medios de interlocución telemática para facilitar las transacciones entre ciudadanos y compañías, tramitar quejas, incidencias, sugerencias o reclamaciones y posibilitar el ejercicio de nuestros derechos (ARCO)3, reconocidos en la LOPD.

Presencia en redes sociales.

Más de la mitad de las compañías encuestadas admiten no estar preparadas para ingresar con consistencia en  la web social, si bien la mayor parte de las que tienen presencia4 (Facebook, Twitter, blogosfera) la tienen circunstancial (¡Quién dijo miedo!).

Movilidad.

Si resulta contradictorio conceder gran importancia a las redes sociales y no contar con una estrategia de negocio afirmada en las mismas, para transformar seguidores o simpatizantes en clientes, también lo es admitir el cambio en los hábitos de consumo, la importancia de la movilidad, y no saber muy bien qué acciones podrían ser efectivas para acometerlas sobre la base de un ROI razonable.

Ampliando la primera conclusión, los investigadores señalan que, si bien en el sector asegurador se reconoce la criticidad de Internet, y su importancia para la estrategia de negocio, de la mitad de las compañías que lo admiten se desciende al 38% de las que pueden alardear de una “oferta diferencial por dicho canal”.

Pero a la asignatura pendiente que pone de relieve Capgemini le falta la perspectiva interna, pues Internet también tiene esta lectura, la transaccional entre el conjunto de miembros que integran la misma organización. Mucho me temo que el sector asegurador no puede abanderar la avanzadilla de las organizaciones en el aprovechamiento de los recursos 2.0 para mejorar e influir en la conversación interna.

El nº 3/2011 del boletín Gestión y Talento, de la Red Business Information-INESE, se hace eco del mismo estudio y tiende un puente en dicha dirección, la interna, afirmando que “Tampoco explotan, de momento, el fenómeno de las redes sociales en los departamentos de recursos humanos”; a colación de lo cual cita las palabras de un alto ejecutivo sectorial que tilda el asunto de ‘complejo’.

Capitalizar la aplicación de las nuevas tecnologías en favor del negocio, aprovecharlas para simplificar el trabajo e impulsar su uso para mejorar los procesos de gestión de la información y de comunicación internas trasciende a la gavilla de ‘avances’ en la que se suelen escudar quienes verdaderamente no impulsan las soluciones 2.0 en el seno de la empresa. Soluciones que lo fueron y que hoy son historia: distribución de noticias, accesibilidad a información institucional, gestión de nóminas, vacaciones y perfil curricular, recepción de papers, newsletters o eboletines, difusión de vacantes… y otras muchas que nos amarran en el cuaternario 1.0.

Casualmente, y a favor de mi argumento -vía Twitter- he conocido el resumen de conclusiones de la pasada conferencia del 16 de marzo, “RR.HH. 2.0: el impacto de las redes sociales en el mundo laboral”, que tuvo lugar en el campus de INESDI y cuya lectura ofrece numerosas pistas sobre el estado de la cuestión en el panorama actual; algunas de cuyas claves bien pueden ser (1) la visión del progreso como amenaza, (2) los estilos de gestión ochocentistas, (3) la imperativa apropiación tradicional del poder, (4) la concepción 1.0 del trabajo y (5) el inmovilismo en la gestión de personas.

Las evidencias actuales me llevan a concluir que la casta actual de directivos, que es a quienes compete impulsar cambios y revoluciones, adolece de raza.

© jvillalba

1. XI Informe sobre el Sector Asegurador en Internet. Capgemini.

2. IX Informe sobre el Sector Asegurador en Internet. Capgemini.

3. ARCO: acrónimo de acceso, rectificación, oposición y cancelación, en referencia a los derechos contemplados en la Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal.

4. “Casi la mitad de las entidades afirma estar presente en Facebook, y otro tanto lo tiene previsto hacer en los próximos dos años; en Twitter están presentes más del 50% y un 33% más lo tiene previsto. En cuanto a los blogs, el 85% afirma que dispone de esta modalidad o tiene previsto contar con ella. Sin embargo, los wikis, foros o el uso de Youtube aún no ha sido del todo explotados por las aseguradoras.”

Página recomendada: Evalúa LOPD:

Según mis datos, la participación sigue siendo el caballo de batalla. Parece que la gente no se implica, da la impresión de que a los trabajadores les dé igual; algunas personas me preguntan ¿Para qué?

En comités de dirección y entre colegas sigo escuchando la misma preocupación: todos se quejan del pasotismo reinante entre los trabajadores. “Sólo les importa cobrar a fin de mes”.

Me acaban de explicar una experiencia participativa cuyo premio era simplemente anecdótico; nada del otro mundo. La participación ha sido del 0.3% ¡Todo un record de desinterés! Es verdad que el premio no era nada atractivo -si por ello fuera, tampoco yo hubiera movido un dedo-, pero la propuesta contenía otras cuestiones de mayor calado: que sus voces se escucharan. Pero la gente no quiso decir…

Cuando te cuentan experiencias como ésta, lo primero que tendemos a hacer es analizar el diseño de la campaña interna. Revisamos propósito, planteamiento, objetivos, efectos, piezas de comunicación, tácticas de animación, tiempos y toda suerte de detalles, incluida la puesta en escena; salvo en casos aislados de acciones sin piés ni cabeza, la causa que mata la participación no está ahí.

Oportunidad

Al igual que la comunicación, las acciones de comunicación interna pueden resultar inoportunas, ser contrarias al momento en el que se promueven e, incluso, no representar un avance cuando lo que refuerzan es la recreación de una irrealidad.

Imaginen una congelación salarial y, al mes, una acción para animar al compromiso.

Consecuencias

Hay veces en las que los trabajadores tienen la experiencia de haber sido requeridos para proponer mejoras, lanzar ideas, corregir defectos en procedimientos que no terminan de resultar ágiles. Supongan que se ha conseguido un caudal de propuestas significativo y que, no estando preparados para recibir tal avalancha de ideas, el proceso de respuesta y feed-back ha impedido procesar aquel material del que no se ha seguido el retorno esperado.

O piensen que, habiéndose considerado todas y cada una de las propuestas, debido a diferentes causas, no se ha seguido proyecto alguno de mejora, tal y como estaba comprometido, y que simplemente se han desestimado las propuestas recibidas.

¿Qué dirían si finalmente las medidas introducidas no fueran fruto del proceso de generación de ideas y se implementaran otras soluciones orgánicas sin haber reconocido el trabajo producido?

¿Y si todos los productores de ideas recibieran, del comité de tratamiento de ideas, información personalizada sobre el curso de su idea y tales respuestas fuesen simplemente desestimatorias sin explicar suficientemente el fundamento del rechazo?

Reconocimiento

He conocido acciones ideadas para movilizar a la participación de los trabajadores en la empresa cuyo resultado ha sido más decepcionante que ejemplarizante, mediante el cual se ha lesionado la autoestima de los participantes.

A ello se llega cuando, en vez de agradecer la participación y el esfuerzo de todos y cada uno de los participantes, se hace mofa de algunas propuestas o se tacha de ignorantes a algunos proponentes o simplemente se procesa dicho material sin dar respuesta alguna.

Respeto

Todos los profesionales hemos asistido a alguna dinámica de grupo desafortunada en la que se ha puesto en evidencia a alguna persona frente a compañeros, seguramente sin tener la intención de faltarle el respeto, pero obteniendo como resultado un daño a la autoestima del participante.

Cuando alguna personalidad fuerte adopta la costumbre de imponer su criterio en grupo sobre la base de su mayor rango, y esta practica se generaliza, las personas terminan asintiendo y callando.

Si por una u otra causa, el estilo directivo dominante de la ‘Casa’ termina incorporando un ritual de corte autoritario, los directivos más débiles claudicarán, no expondrán su criterio por temor a ser ridiculizados, y la dinámica general se sumará a la liturgia dominante. En consecuencia, callarán.

Alejamiento

Si la capa directiva adopta un estatus de clase y manifiesta estar en poder de la razón, invariablemente la plantilla permanerá al margen y las personas evitarán poner en riesgo su consideración, ante sí y ante sus iguales.

Cuando la cercanía es un concepto vacío, por mucho que se diga que las ‘puertas de los despachos permanecen abiertas’ nadie rebasará el umbral para manifestar sus puntos de vista. En dichos contextos pretender la colaboración desinteresada  de los subordinados es poco menos que un insulto a la inteligencia de las personas.

Para que la colaboración sea posible ha de reinar la confianza y ésta no se da en entornos amenzantes.

Favoritismo

No siempre los entornos empresariales hacen gala de justicia, lo que podría deberse a un error si esto fuera ocasional. Si sucede que en suficientes ocasiones premios y reconocimientos son otorgados a sujetos que, a todas luces, no les corresponden o, como mucho, que les podrían corresponder por igual a cualesquiera otros, la sospecha de parcialidad se va transformando en certeza.

En las unidades en las que todo el mundo sabe que existen favoritismos, la gente reduce su compomiso, afloja su vinculación y simplemente no quiere participar en unas acciones que considera amañadas.

Apropiación

Hay gente que se apropia de los méritos de otro, o de otros, y lo hacen sin sonrojo; pueden ser compañeros, mandos intermedios o directivos, pero sean quienes fueren si tales hechos se consienten y se repiten, además de lo insultante que resulta, termina anulando la involucración de las personas más allá de sus cometidos.

10 Indicios

Los directivos tienen la responsabilidad de ser muy escrupulosos y de poner mucho cuidado en sus interacciones con los miembros de sus equipos y entre iguales, pues sus decisiones podrán ser insignificantes, pero nunca carentes de significado. Tales significados van creando referencias por las que las personas se guían y dirigen su comportamiento.

En las empresas en las que la participación falla, seguramente encontraremos otros indicadores que la están matando. Algunos de ellos pueden ser:

  1. Los procesos de toma de decisiones estarán restringidos a la alta dirección.
  2. Ni tan siquiera las segundas y terceras capas directivas tendrán un poder absoluto para poder decidir determinados asuntos que son de su competencia.
  3. Las decisiones se informarán, pero no existirán experiencias de procesos consultivos, ni aún en aquellos casos en los que las decisiones a tomar incidan muy directamente sobre las condiciones de la plantilla.
  4. Las decisiones menos populares adolecerán de argumento fundamentado con suficiencia para mejorar la comprensión de los afectados.
  5. La reformulación por parte de la plantilla será invariablemnte un proceso inexistente.
  6. La política de comunicación no contemplará ni la existencia de canales de escucha ni de réplica.
  7. Los mensajes adoptarán la perspectiva de los emisores, pero difícilmente la de los receptores.
  8. Si se hiciera una auditoría social, seguramente encontraríamos que los canales de comunicación informal están saturados de discrepancias, mientras que el eco formal nos daría silencio o un aparente asentimiento.
  9. Si en estas empresas se hiciera balance de las acciones ideadas para promover la participación de los trabajadores, a los ojos de la plantilla o serán superficiales o se considerarán un mero pasatiempo, mientras se les cierran las puertas a asuntos de mayor calado.
  10. Si, finalmente, hiciéramos una auditoría de comunicación interna, en este tipo de organizaciones descubriríamos que ha abandonado toda estrategia de escucha. El motivo es bien simple: por ser contraria y contradictoria con la realidad que se ha estado viviendo.

© jvillalba

Cada día las empresas multiplican sus discursos sobre la importancia del cliente, la necesidad de atraernos para sobrevivir y, una vez atraídos, convencernos para que  nos quedemos con ellas.

Ya no basta solo con satisfacernos (producto o servicio), resulta necesario que nos entusiasmemos y para ello tienen que sorprendernos gratamente. Han de  conseguir superar nuestras expectativas, si lo que pretenden es que apostemos por la marca.

Nuestra experiencia con ellas, por tanto, en todos y en cada uno de los momentos de la verdad, es definitiva en ese proceso de reputarse permanentemente ante nuestros ojos; pues los clientes siempre buscamos soluciones, que se nos facilite la vida; nunca problemas.

No parece ser éste el enfoque de numerosas empresas. Ahí tenemos, por ejemplo, a las eléctricas (“la peor práctica empresarial del año”), pero también a otras muchas casi en cualquier sector de actividad. Como también en numerosos negociados de la Administración Central y de los servicios de las administraciones locales. No es un secreto. Cualquiera de ustedes podrá sumar ejemplos al que hoy les traigo de manos de las operadoras de telefonía móvil.

Tomemos a Movistar como ejemplo paradigmático, la peor empresa del año 2010”, según FACUA, pero pensemos que no es la única operadora que incurre en maltrato a los clientes. Estos emporios de las comunicaciones, ahora que la vida es móvil, da la impresión de que se hubiesen aliado contra nosotros. ¡Tan seguras se sienten de la demanda de sus servicios en una sociedad que es de la información y de la comunicación!

Supongamos que a usted le avalan 15 años de permanencia en Movistar (la peor empresa del año 2010”), es decir, tres quinquenios. Ha decidido evolucionar de una tarifa de voz a otra de voz y datos, lo que significa que acaba de meterse en un buen lío.

El distribuidor le explicará, con toda suerte de detalles, que las ofertas que anuncia en su escaparate son para nuevos clientes, no para usted. De lo que usted ya empieza a darse cuenta es de que su valor como cliente ha disminuido con el paso del tiempo. No lo comprende, pero no le queda más opción que admitirlo: su compañía de quince años ya no le quiere tanto.

Resulta que –suponiendo que solo tenga un móvil a su nombre-, de ser usuario de un servicio se había planteado contratar otro –la tarifa de datos- y sin embargo su compañía da muestras fehacientes de no importarle mucho: si quiere el servicio tendrá que abonar la nueva tarifa y tendrá que costearse un smartphone si quiere estar con los tiempos. O sea, que le piden del orden de unos 250 ó 300 euros siendo cliente, mientras que al público se lo ofrecen gratis. ¡Increíble!

_ ¡Oiga! ¿Y eso?

Pero no desespere, si opta por formalizar un nuevo contrato, también le penalizan; luego su condición de cliente se iguala a la de los no clientes, lo que es un consuelo.

_ ¿Y la publicidad? Mire, aquí, donde dice ‘c-e-r-o euros’. Y se lo explican…

Y entonces lo empieza a comprender: su operador de telefonía está interesado en robarle clientes a la competencia y como señuelo para captarlos les regalan un smartphone –un HTC Desire, por ejemplo; si quiere un Galaxy-s tendrá que abonar unos eurillos de más. Obviously!-.

Ya lo tiene claro: ser cliente le cuesta mayor esfuerzo (más dinero).

_ Oiga ¿Y no hay más alternativas?

El distribuidor de turno, su ‘shop coach’ le guiará por este tortuoso tinglado de la telefonía móvil. No desespere, ahí van sus buenos consejos. Le recomendará que vaya a cualquier otro operador para hacer un contrato de portabilidad, de esa manera Movistar (la peor empresa del año 2010”) le llamará inmediatamente para retenerle mejorando la oferta de su competidor.

_ Pero oiga… No se ofenda ¿No le suena un poco turbio todo esto? No se da cuenta de que me están creando un problema con el que no contaba. Llevo quince años en la compañía.

Su empático consejero le recomendará que llame al 1004 para exponer su caso, o que busque un formulario web (oculto) y les escriba. Como su tiempo es oro, pero no es el tiempo del comerciante, le ofrecen esta alternativa que –se lo aseguro- es perder el tiempo. (Y para abreviar, dejaré ahora de lado el asunto de la mayoría de los call centers, uno de los grandes hitos en la despersonalización de clientes y alejamiento de los servicios).

Con su experiencia a la búsqueda de la movilidad, usted, señor mío, empieza a recibir una ducha de realidad y a posicionarse. Usted como cliente no aporta valor para el cumplimiento de los objetivos de portabilidad, eufemismo con el que ahora se denomina a la mala práxis con los clientes de la competencia.

La telefonía móvil ya es un mercado maduro y, por lo que se ve, a los operadores lo que les interesa es robar clientes a la competencia. Y digo bien, no atraerles o atraer nuevos clientes sobre la base de una mejor oferta y de un mejor servicio, sino hacer contratos de portabilidad de un operadora a otra, mover el mercado y moverlo entre ellas, pues en esto están todas. ¡Genial! ¿Un pacto sectorial por la infidelidad?

No sé a ustedes, pero a mi me parece una práctica inmoral que bien puede clasificarse en una categoría de maltrato a la base más inquieta de clientes; opino, por tanto, que tales hechos son los que propician la picaresca de una parte de la ciudadanía, que pierde la confianza y está harta de la prepotencia de empresas de tal cuño.

Ustedes tendrán su opinión. La mía es que me parece inmoral que me llamen para ofrecerme lo que antes no me daban por las buenas en atención a la distinción que todo cliente merece.

No entro a valorar la conducta de quienes, antes gratis y ahora por una pequeña cantidad (tasa de abandono del contrato fallido de portabilidad), le hacen agachar la cabeza a su compañía, pero sí afirmo que me parece vergonzosa y humillante esta práctica para una empresa que quiere estar entre las responsables.

_ ¿Lo peor? Que Movistar (“la peor empresa del año 2010”) no es diferente del resto.

© jvillalba

Foros

Aún recuerdo los snnifers de los viejos foros. Identidades ocultas al acecho, husmeadores de medio pelo, apocados y maliciosos, los sempieternos presentes-ausentes que huían del debate en cuanto que alguien reparaba en ellos y les preguntaba directamente qué hacían allí; sujetos demediados, al fin, aunque menos intrusivos que los trollers de los chats, reconocibles por sus patéticos nicks-names y por sus irrupciones irrisorias, famélicas y excéntricas a un tiempo… ¡Cuánto anónimo merodea a hurtadillas por la Red!

Chats

Luego vinieron –y los sigue habiendo- aquellos que se cobijan detrás de un falso perfil. ¡Redes sociales y perfiles falsos no son incompatibles!. Sujetos dañinos, personalidades patéticas cargadas de ruindad, engatusadores bajo apariencia nominativa, audaces en la oscuridad e inacapaces de dar la cara en el avatar.

Redes sociales

Estos sujetos tienen la desfachatez de dirigirse a las más altas instancias, escriben a directivos sin ahorrarse especulaciones para acusar a quienes conocen y seguramente envidian. Aderezan su ensalada con datos ciertos, pero circunstanciales, en un intento de aparentar verosimilitud y así dar fuerza a sus acusaciones.

Del off al on

Tales errores ponen en evidencia que se trata de un sujeto cercano, que conoce a la víctima o que tiene acceso a parte de su historia, lo que le permite amañar circunstancias y presentar supuestas pruebas -circunstanciales-.

Son, sin duda, enfermos mentales que, en virtud del supuesto anomimato, asestan puñaladas traperas; con premeditación, alevosía y nocturnidad.

Pero lo peor no son estos especímenes con apariencia humanita (antropomorfa), sino que alguien les dé crédito, que un directivo tropiece y entre al trapo, active resortes e inicie un proceso de averiguaciones para escarmentar a la víctima.

Si quieren una opinión, no entren al juego. O se convertirán en marionetas en manos de cualquier ‘tarado’. Advertidos quedan.

No cargue sobre su conciencia decisiones de las que no se pueda responsabilizar íntegramente.

¿Cómo actuar en la empresa ante las denuncias anónimas, vía redes sociales?

  1. No actúe. Haga NADA. Piense que el denunciado puede ser el anzuelo y usted el pez. De momento, usted es un juguete con el que alguien quiere jugar. Rompa el juego.
  2. Si no obstante siente curiosidad, no se precipite. Estudie al denunciante por sus obras (contenidos; mayoritariamente texto). Busque concordancias en la Red. Si no sabe cómo hacerlo, pregunte. Aisle la fuente y acredítela, si no puede, el mensaje no tiene consistencia. No le dé más vueltas.
  3. Primera regla: quien no da la cara, se desacredita a sí mismo. Quien no tiene crédito no puede respaldar sus acusaciones.
  4. Descanse. No haga caso; pero no elimine esa información (almacene, copie o capture pantallas; guarde los documentos en la nube, pueden ser pruebas contra el denunciante). Si los hubiere, no descargue ficheros (Ojo a las extensiones dudosas e infrecuentes). Evite clicar enlaces que le propongan, analice antes los términos del enlace (use el bloc de notas; en este contexto, desconfíe de las URL acortadas) y no cargue aplicaciones que desconozca. Las intenciones de un emisor anónimo siempre son dudosas y sus objetivos son inconfesables; probablemente sean ilícitos o inmorales.
  5. Si está inquieto, revise su lista de contactos y purgue aquellos que no sepa quiénes son: el coleccionismo de ‘amigos’ no le reportará beneficio alguno. Asegúrese en el futuro antes de aceptar un nuevo contacto.
  6. Si ante su silencio vuelve(n) a  la carga –suelen tardar algunas semanas o meses-, analice el tono, aisle los motivos aparentes (compromiso social, ventaja para la compañía, indignación ante la injusticia…) y llegue hasta el propósito de los mismos: ¿qué beneficio real podría derivarse para el denunciante? ¿A qué me compromete? No responda. Si el mensaje incluye autopreguntas, pregúntese por qué le invitan a preguntarse.
  7. Si el denunciante persiste, pídale con concisión que se identifique y nada más. Use los canales privados, pero no su correo electrónico.
  8. Mantenga silencio y, si recibe nuevos mensajes, pídale concisamente pruebas que acrediten su identidad y lo dicho; si llega el caso, y el caso lo merece, ofrezca una reunión en su propio terreno, con luz y taquígrafos (nadie acudirá, se lo aseguro).
  9. Estuche y remita mensaje, y cuantos datos haya recopilado, al grupo de delitos telemáticos.
  10. Puede denunciar el hecho en la siguiente dirección de la Guardia Civil: https://www.gdt.guardiacivil.es/webgdt/home_alerta.php

Hoy hay un perfil falso menos en Facebook, lo que no resuelve la cuestión. Estos individuos suelen tener más de un perfil, tantos como quieran, más de una dirección de correo, pueden jugar varios personajillos y mañana pueden seguir aquí y estar en cualquier otra plataforma.

La estrategia más efectiva contra el anonimato que llega desde las redes exteriores es hacerse inmune, impedirle el paso, eliminarle; en las internas, ni está ni debe ser permitido.

© jvillalba

Alguien me ha escrito diciéndome –copio textualmente- “En tus post los trabajadores son siempre ejemplares, ¿no tendrías que hablar también de cómo se gestiona a personas “difíciles”?” 

Durante años me he preguntado qué es antes, si el huevo o la gallina. Tal parece que es el caso. Después de observar atentamente este fenómeno -¿por qué en los trabajos una gente funciona y otra no?- y de analizar a mi manera casos y casos, llegué a pensar que primero es la gallina, que es la que pone el huevo, y que, al igual que los griegos, no tenía por qué plantearme el origen del universo. Era y era; existía desde siempre. Trataré de explicarme mejor. 

Los trabajadores podrán o no tener la culpa, serán fáciles o difíciles, pero esto no es lo relevante; es lo subsiguiente. O eso pensaba cuando dirigía personas, pues era a mi a quien le competía la responsabilidad de crear equipo y de impulsar a cada miembro de mi equipo. ¿O debía pedirles antes de que yo les diera que me dieran ellos su confianza o que me otorgaran el liderazgo? ¿Así, por las buenas, a cambio de qué? 

Dicho de otro modo, no creo que los trabajadores en mis notas sean ‘ejemplares’, simplemente tengo la convicción de que son personas (personas como yo). Pero personas con derecho a ser dirigidas y a dirigirse. Es a los directivos a quienes les corresponde la responsabilidad primera de dirigir y de ser ejemplares en su gestión. Y han de de demostrarlo, haciendo lo posible y lo imposible –va en su nómina-; sólo así se pueden ganar el derecho a exigir; a ser correspondidos. Estoy refiriendo una situación de correspondencia, pero también de corresponsabilidad en la que las responsabilidades ni son homólogas ni guardan el mismo orden. 

Si un directivo no crea las condiciones adecuadas, o es incapaz o no puede gestionarlas, en mi opinión no merece la consideración de tal, no se gana su nómina y no puede ostentar mando. Si no puede o no le dejan, se deslegitima si no dimite; si es incapaz o le dejan a su libre albedrío, se transforma en un elemento de gran toxicidad que se desacredita.

Pocos docentes ejemplares he conocido en mi carrera por aprender. Quizá no gaste los cinco dedos de una mano recordando auténticos profesores que me dejaran huella, que me permitieran adquirir una guía profesional y para la vida. Que me aportaran un valor sustancial.

Pocos directivos he conocido que no fueran mediocres. ¿Usted? ¿Y tú, amigo mío?

Quiere esto decir que del buen docente se consiguen buenos estudiantes. Los buenos docentes crean escuela.

Quiere esto decir que del buen directivo se consiguen excelentes trabajadores. Los directivos ejemplares crean cultura; los trabajadores excelentes hacen historia.

Pero también es verdad que hay aprendices mediocres y hasta muy malos estudiantes, con independencia del buen hacer del docente. Como también es cierto que hay personas difíciles, retorcidas, atravesadas, vagas, conflictivas y nefastas entre los trabajadores ¡Faltaría más! Y entre los directivos.

Pero a mi lo que me preocupa en primer lugar es la cabeza, que es la que dirige -si se me admite el simil-. Una cabeza bien amueblada dirige saludablemente, con cordura, al organismo y lo desarrolla en todos sus elementos. Una cabeza trastornada es incapaz de dirigir al organismo. Insisto, si se me admite la comparación.

Esto mismo sucede en las empresas: la alta dirección en primer lugar, y luego la segunda capa directiva, me parecen esenciales para la salud de las organizaciones. Está sobradamente demostrado el daño que pueden hacer –a personas y organizaciones- los jefes tóxicos (ya he abundado aquí mismo en esto). En resumen, me interesan más las causas que los síntomas.

Por otra parte, y por lo general, los trabajadores son personas, gente normal, personas más o menos sencillas con aspiraciones naturales, a quienes sus trabajos les importan más de lo que podría parecer a primera vista. Ya dije en otra ocasión –también aquí- que es su medio de vida.

Si en ese ecosistema hacemos que la vida resulte estimulante y agradable, no me cabe duda de que la gente responde y se implica mucho más allá de su mero compromiso fijado en el contrato de trabajo. También he de decirlo, tengo pruebas de ello. La gente se involucra porque -sencillamente- recibe más, su trabajo es más que un trabajo, es un reto apasionante en el que siente y percible palpablemente que se desarrolla y eso, sentirse reconocido y apreciado como individuo, le hace sentirse bien. Un trabajo que nos estimula y nos colma es más que un trabajo, es un proyecto de vida; pues hablamos de nuestras vidas, no lo olvidemos.

Cuando estas condiciones no se dan, la gente o no funciona o funciona mal. Esto repercute en las empresas, en su productividad, en su competitividad, en su futuro. Se empobrecen, se descapitalizan, se hacen irrespirables, se convierten en vertederos radiactivos a los que se acude a la fuerza y con mascarilla. Son lugares contaminantes de los que la gente sana huye.

Así de fácil. Mis trabajadores no son ejemplares en mis posts, son mi principal grupo de interés, mi principal ocupación porque sé sin género de dudas que son la base que me sujeta, la piedra angular de las empresas. Y yo tengo la rsponsabilidad de hacer empresa.

Es a los arquitectos a quienes les compete asentar bien cimientos y sillares para que el edificio se sujete.

_ Seguramente tienes razón, amigo; te doy las gracias por inspirarme este post. Espero que lo leas y, si quieres, que me digas.

© jvillalba

 

En estos tiempos en los que tanto se habla de políticas de atracción-retención del talento, para lo que se necesita fortalecer la marca interna y concretarlo en una propuesta de valor (EVP) tangible y coherente, percibida como tal, realizable y diferencial, resulta poco menos que asombroso que la gestión de la lealtad sea una de las debilidades que observo en no pocas organizaciones. 

La mayoría de quienes justifican su mayor distanciamiento de las políticas de gestión de personas lo hacen ahora, y lo han venido haciendo, al rebufo de la crisis, bajo la justificación de la situación económica, que afecta a todos en todo. 

Pero además, a quienes les ha tocado dirigir, nos quieren hacer creer que les ha tocado la peor parte.

Entre estos últimos todavía los hay que se permiten el lujo de decir que ahora no hay que gestionar personas, que eso es para tiempos de bonanza, y que en estos momentos lo que hay que hacer es rentabilizar los negocios (¿Antes no?)

Tales sujetos todavía no han comprendido que la gestión de personas afecta e influye en los resultados de las empresas; sencillamente porque afectan a los comportamientos de las personas. No solo influye positivamente; (¡atentos!) también influye negativamente, que es lo más grave.

Un equipo de alto rendimiento solo puede serlo si la moral está alta y se retroalimenta; no considerar las variables que influyen en la lealtad de las personas es -a todas luces- un grave error.

Nadie podrá discutirme que, por lo general, las personas consideramos muy importantes nuestros trabajos -suele ser nuestro medio de vida-, los anteponemos en nuestra evaluación de prioridades, nos interesamos por nuestros respectivos oficios. Nuestro trabajo nos gusta hacerlo bien, esperamos que nos dejen hacerlo y hacerlo bien y aspiramos a que se nos reconozca.

Pero los trabajadores, también por término medio, y más ahora, se declaran frustrados. ¿No falla algo?

Se da cierta especie de amor entre trabajadores y sus trabajos y, al igual que en las relaciones de pareja fallidas, sucede que los trabajadores persisten en el ideal en que los tenían concebidos aún cuando vienen experimentando indicios de todo lo contrario: que la relación no es biunívoca, que cada vez es más grande el desequilibrio, que la seguridad se ha mudado en incertidumbre, que los méritos de años ya ni se consideran en el trato. Y así otros indicios de que les vienen robando porciones de queso. Pero persisten en la esperanza de que algo cambiará para mejor. Pero no cambia. Hasta que un día, de pronto, encuentra a su pareja volcada con otro amante y en su propia casa.

Ahí está el punto de inflexión, en ese choque tan brutal con la realidad que ya no se puede negar ni disfrazar por mucho que el protagonista deseara que fuera de otra manera.

Justo en ese punto, en ese preciso instante, las empresas que no posicionan la gestión de personas en el rango estratégico, consiguen, por medio de sus gestores, librar del compromiso a profesionales -otrora leales e ilusionados- que todavía albergaban una esperanza y ya no pueden disimular que han sido estafados.

La desvinculación da alas, créanme. El trabajador se libera de fardos, suelta lastre y se eleva para dejar de estar donde su cuerpo está presente.

Un enfoque estratégico de las funciones ‘blandas’ es el mejor aliado de la organización contra la baja productividad, la pérdida de competitividad, la falta de rentabilidad, la indiferenciación y, en suma, la falta de futuro.

Queda demostrarlo, por ello resulta imperativo que cada empresa identifique las variables que influyen en la lealtad de las personas, definir un paradigma cultural alineado con el negocio y las propias realidades, cumplirlo sin excepción, identificar indicadores, implantar políticas, medir resultados, retroalimentar el círculo de progreso y adaptarse a los cambios continuos del contexto, sin dejar de considerar las propias peculiaridades. Nada de ello se puede hacer si confundimos lo operativo con lo estratégico.

¿Cuál es la importancia de las políticas ‘blandas’? Simplemente que influyen en los comportamientos de las personas. Piénselo.

© jvillalba

Autor

Javier Villalba

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    Publicado originariamente en Monster blog de empleo 30 junio 2011Más de 4 millones de ciudadanos en situación de desempleo son conscientes de las dificultades actuales para recolocarse y también para acceder al primer empleo. No hace falta acudir al barómetro del CIS para darse cuenta de que la principal preocupación de los españoles es el paro. Como digo, m […]
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  • La amenaza de la Comunicación Interna 30 junio 2011
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  • Dirigir personas 24 junio 2011
    Publicado originariamente en dir&ge. Network Directivos & Gerentes. Abril 2011.Dirigir personas no es tarea fácil y, además, como en muchos otros órdenes de la vida, no se nos prepara para ello, ni de críos ni de jóvenes, tampoco en la Universidad, difícilmente en los primeros trabajos, con suerte cuando ya aportamos algún bagaje profesional y estamo […]
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Javier Villalba

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Encuentros

Cuando faltan las palabras, cuando sobra el silencio, cuando a solas te relegan o cuando a solas te encuentras, de ese encuentro contigo, surgen estos escritos, compañeros de viaje, que quizá sólo tú entiendas, que quizá sólo a tí atiendan, que quizá sólo tú leas cuando sin compañía te acompañes.

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